lunes, 19 de enero de 2015

Cualesquiera que sean las pruebas, somos vencedores en Cristo



Si la prueba viene, diremos a Dios: En la prueba tú me has puesto fuera. Si nos sentimos agobiados en el mundo, como consecuencia de las necesidades del cuerpo. Buscaremos la anchura de la sabiduría y de la ciencia de Dios, en la que el mudo no nos puede oprimir. Porque regreso a los campos bastante bastos de las Sagradas Escrituras; requeriré la inteligencia espiritual de la Palabra de Dios, y en ella ninguna estrechez me aflija. Allí cabalgaré en  espacios amplísimos de la inteligencia mística y espiritual. Si sufro persecución y confieso a mi Cristo en presencia de los hombres, cierto estoy que Él también me reconocerá en presencia de su Padre que está en los cielos. Si el hambre me acecha, no me puede enturbiar; a mí en verdad  el pan de vida que desciende del cielo revive las almas hambrientas, jamás ese pan me puede faltar, porque es duradero y eterno. La desnudez no me aturullará, porque estoy vestido del Señor Jesucristo y espero ser revestido, por encima de nuestra morada que es la del cielo. Es necesario que este ser mortal sea vestido de inmortalidad y que este ser corruptible revista de incorruptibilidad. No temeré el peligro: porque el Señor es el defensor de mi vida ¿ante quien temeré yo? La espada terrestre no me puede aterrorizar; de hecho tengo conmigo la espada más fuerte de Espíritu, que es la Palabra de Dios, y ella está conmigo viva y eficaz, la Palabra de Dios, que penetra más que cualquier espada de doble filo. Si luego la espada del mundo viene sobre mi cuello, me provoca un amor más grande a través de Dios. De hecho, le diré: Está escrito: << Por tu causa todo el día somos expuestos a muerte, y somos tenidos como ovejas de matadero>>. No me basta morir o ser crucificado una sola hora por Cristo, todos los días; es decir, todo el tiempo de mi vida. Porque si paso toda mi vida en persecuciones y peligros, diré: Los sufrimientos del tiempo presente son sin proporción con la gloria futura que debe ser revelada en nosotros. Es breve y restringido, el tiempo de esta vida que pasamos en las persecuciones, pero eterna y perpetua la que esperamos en la gloria. Es por eso que dijo: en todo eso somos vencedores, en absoluto por nuestra virtud, pero si por lo que nos ha amado. Porque mientras estemos prendidos a su amor, no consideramos la sensación del dolor. Por lo tanto, el amor por el cual nos ha amado y se deleita con nuestro afecto, no nos hace sentir el tormento y el dolor del cuerpo. También somos vencedores en todo. La esposa en el Cantico dice también que cualquier cosa es semejante por sus palabras: Yo he sido herida de amor. De esta manera, por consiguiente, nuestra alma también; cuando se ha acogido a Cristo la herida de amor, incluso si entrega el cuerpo a la espada no sentirá las heridas de la carne, a causa de la herida de amor.

COMENTARIO SOBRE LA CARTA A LOS ROMANOS, cap. 9,2; Orígenes de Alejandría.

Traducción del francés por Elías Limón González.  

            

domingo, 4 de enero de 2015

La Capsula



            Malicio que mi vocación por la cultura deriva de la visceral curiosidad de mi mamá por lo desconocido y novedoso. Tenía yo la costumbre de comprar los periódicos y revistas, e ir a leerlas recostado en la cama al lado de mi mamá. Cierta vez, mientras yo leía el periódico, mi mamá hojeaba la revista Siempre; al llegar a sus páginas centrales que era un suplemento cultural a todo color, mostraba una serie de pinturas modernistas de las que llaman surrealistas; al verlas me pregunta:

 -¿Oye Chato, tú entiendes esto?–  aprovechando la oportunidad de hacerle una broma, contesto que sí, intentando explicarle aquello, que no era más que un multicolor batidillo abigarrado de pintura:

 -Mira mamá, ésta pintura se podría llamar, La Feria, y si te concentras al centro vas a ver una plaza de toros, luego a su derecha estos como girones blancos y rojos son las plumas que se desprenden de unos gallos peleando en el palenque; a tu izquierda esto como nube blanca, es la polvareda que dejan los caballos en una carrera parejera, y rematando le dije:

-Si tú le sigues buscando vas a encontrar muchas cosas más. Quedose   dándole vuelta a la revista para verla de distintas posturas y poderle encontrar  significado. Por la tarde, encuentro a mi mamá empecinada dándole vuelta a la pintura de la revista intentando descifrarla; de pronto al verme parado junto a ella, arroja la revista a un lado increpándome:

-¡Yo no le he podido encontrar nada, a mí se me figura que me estás ‘menseando’!- En eso me acuerdo que cuando salía de la casa camino a tomar el camión urbano al pasar vi un local que me llamó la atención por su letrero: Clínica de Rejuvenecimiento; me dirijo hacia dentro del local donde me recibe una amable y espléndida dama: detalles que le narro a mi mamá; la dama me lleva lleva a mostrarme algo así como un tanque estacionario que le llama, capsula presurizada, adonde se mete el cliente para después introducir en ella oxígeno, no dejando más que ver, que a través de una ventanita a la altura de los ojos.

          -¡La mera verdad no te creo, ha de ser otra de tus mentiras, como la de la pintura en la que me tuviste toda una mañana buscándole, buscándole y no  le encontré nada-  

          -Está bien que no me creas, pero, ¿Qué te cuesta caminar dos cuadras, dos cientos metros de aquí de tu casa?

          -¡Está, bien, pero si es otra de tus mentiras, ni al cine te voy a volver a  acompañar!- Hace un lado el periódico y las revista para levantarse, acomodarse la peluca y arreglarse.

          Llegando a la Clinica; igual que a mí anteriormente, la dama nos recibe con símil amabilidad para enseguida pasarnos a mostrar la Capsula: anonadada mi mamá  viendo y escuchando que todo era tal y como se lo había contado, llena de entusiasmo  y sin inmutarse  pregunta el costo del tratamiento, para luego decirme:

          -¡Pues yo estoy dispuesta, ya después de ti me meto yo!

          -¡Ah, no, no!, de inmediato le contesté: para eso te traje mamá, para que tú te metieras primero, porque a mí se me, figura una eternidad el estar encerrado quince minutos sin que te dejen salir.

          Allí estuvimos largo tiempo deliberando, tratando de convencer el uno al otro a que se metiera primero, pero la claustrofobia no nos dejaba decidir ni al uno ni al otro.

          Pasaban los días y no había otro tema de conversación que el de la Capsula, el miedo, y la decisión de meterse. Mi mamá platicó a mi abuelita y a mis tías; el entusiasmo así como el cuestionamiento por el miedo a la claustrofobia se hizo general: mi abuelita nos confesó que era tanta su mortificación por la no decisión, que se había soñado que la trataban de introducir a una como ‘olla exprés’ sin poder lograrlo debido a lo ancho de sus caderas. Otra de mis tías se ensayaba poniéndose una almohada en la cara midiendo el tiempo, para ver cuánto aguantaba. 

          Una tarde; volviendo al tema, mi mamá exabruptó:

 -¡Tengo que decidirme, con todo y claustrofobia me voy a decidir! En ese momento se me ocurre bromearla:

 -Ya no te mortifiques mamá por lo de la capsula; ya fui de nuevo con la señorita de la clínica y me dio  una opción para los que padecemos claustrofobia: tiene un capsula pequeñita tal como la de las medicinas con oxígeno comprimido, que se aplica como cualquier supositorio.

-Pues la opción no está nada fácil, me dice:

 ¡Si con los supositorios de glicerina en el momento que se van derritiendo, provocan armonía, imagínate con esos de oxígeno comprimido, al tiempo que se suelte el aironazo!
Elías Limón González.