Si la prueba viene, diremos
a Dios: En la prueba tú me has puesto
fuera. Si nos sentimos agobiados en el mundo, como consecuencia de las
necesidades del cuerpo. Buscaremos la anchura de la sabiduría y de la ciencia
de Dios, en la que el mudo no nos puede oprimir. Porque regreso a los campos
bastante bastos de las Sagradas Escrituras; requeriré la inteligencia espiritual
de la Palabra de Dios, y en ella ninguna estrechez me aflija. Allí cabalgaré en
espacios amplísimos de la inteligencia mística
y espiritual. Si sufro persecución y confieso a mi Cristo en presencia de los
hombres, cierto estoy que Él también me reconocerá en presencia de su Padre que
está en los cielos. Si el hambre me acecha, no me puede enturbiar; a mí en verdad
el pan de vida que desciende del cielo revive
las almas hambrientas, jamás ese pan me puede faltar, porque es duradero y
eterno. La desnudez no me aturullará, porque estoy vestido del Señor Jesucristo
y espero ser revestido, por encima de nuestra morada que es la del cielo. Es necesario que este ser mortal sea vestido
de inmortalidad y que este ser corruptible revista de incorruptibilidad. No
temeré el peligro: porque el Señor es el
defensor de mi vida ¿ante quien temeré yo? La espada terrestre no me puede aterrorizar;
de hecho tengo conmigo la espada más
fuerte de Espíritu, que es la Palabra de
Dios, y ella está conmigo viva y eficaz,
la Palabra de Dios, que penetra más
que cualquier espada de doble filo. Si luego la espada del mundo viene
sobre mi cuello, me provoca un amor más grande a través de Dios. De hecho, le
diré: Está escrito: << Por tu causa
todo el día somos expuestos a muerte, y somos tenidos como ovejas de
matadero>>. No me basta morir o ser crucificado una sola hora por
Cristo, todos los días; es decir, todo el tiempo de mi vida. Porque si paso
toda mi vida en persecuciones y peligros, diré: Los sufrimientos del tiempo presente son sin proporción con la gloria
futura que debe ser revelada en nosotros. Es breve y restringido, el tiempo
de esta vida que pasamos en las persecuciones, pero eterna y perpetua la que esperamos
en la gloria. Es por eso que dijo: en
todo eso somos vencedores, en absoluto por nuestra virtud, pero si por lo que nos ha amado. Porque mientras
estemos prendidos a su amor, no consideramos la sensación del dolor. Por lo
tanto, el amor por el cual nos ha amado y se deleita con nuestro afecto, no nos
hace sentir el tormento y el dolor del cuerpo. También somos vencedores en todo. La esposa en el Cantico dice también que cualquier cosa es
semejante por sus palabras: Yo he sido
herida de amor. De esta manera, por consiguiente, nuestra alma también;
cuando se ha acogido a Cristo la herida de amor, incluso si entrega el cuerpo a
la espada no sentirá las heridas de la carne, a causa de la herida de amor.
COMENTARIO SOBRE LA CARTA A
LOS ROMANOS, cap. 9,2; Orígenes de Alejandría.
Traducción del francés por
Elías Limón González.