viernes, 1 de mayo de 2015

Chema, mi tío

Chema, mi tío

Por la mañana de su casa a la tienda,  y por la noche de su tienda a su casa; salvo contadas excepciones desvió de su trayecto, único que recorrió en  toda su vida, una distancia que no rebasa los cien metros. Difícil imaginar alguien que teniendo un mundo tan pequeño, posea tanta inteligencia como la de  ‘Chema, mi tío;  peculiaridad y atributo que pareciendo que pareciendo opuestos, difícilmente se dan juntos. Además de buen comerciante,  extraordinario aritmético; así como dominaba de memoria  el costo-venta de las mercancías, mentalmente calculaba multiplicaciones de tres cifras, y sumaba  cantidades de larguísimas notas de venta con tan solo recorrerlas con la vista, para enseguida poner el resultado. Notas de venta con tan impecable bellisima letra escrita en hojas de  papel de estraza, que serían hoy día, dignas de enmarcarse. 

A la familia nos sienta muy bien el apellido, pues no somos lo que se dice  dulces en cuanto a la manifestación de los afectos; bastante parcos, sobre todo,  especialmente en la relación de padres a hijos; se nos da muy a menudo un total mutismo en ese aspecto, situación que, se medio equilibra, recurriendo los hijos a los tíos, y los tíos a su vez, desembocan  en los sobrinos afecto que no muestran a sus hijos;  esto afortunadamente ya no fue mi caso, pero sí de él de mi papá con mi abuelo, cobijandose en su tío Chema, o sea mi tío abuelo, a quien estoy considerando.  Por imán afectivo seguí recurriendo yo a él y él a mí,  como continuando el intercambio de apegos y expresión de afectos.   Con mi tío Chema, aprendí de primera mano, algo de lo que mi papá de él, había asimilado, especialmente porque era,  sin que lo revelara  su cohibida  personalidad, lo que se dice, hombre de a caballo; todo agarrotado debido a su poco móvil  trabajo detrás del mostrador; había que ayudarlo a  trepar al caballo, luego montado se transforma en una personalidad que no revelaba a pie, sobre todo al calar su caballo  dándole lados, o llevándolo de punta. Cuentan que al verlo mover un caballo le ofrecieron comprarlo: dándole lados izquierdos, le pregunta su marchante.

-¿y qué defecto tiene Don Chema?-.

 Luego de los lados derechos, tan airados que el caballo daba  la impresión que en cualquier momento, su costado iba a tocar el suelo, cuando mi tío le responde:

-¡Pues nomás que de este lado no ve dónde pisa!

 El cliente creyendo que  esa expresión se refería al brío del caballo, de inmediato se lo compró,  sin discusión en el precio. Poco después el cliente percató que el caballo era ciego del ojo del lado derecho, precisamente.

Otra de las particularidades de mi tío, si bien, siempre andaba impecablemente vestido, sin faltarle su sombrero de ala ancha y fina palma, era que le tenía cierta temeridad al baño, su máxima era que la ‘cascara guarda al palo’;  no obstante,  comúnmente al llegar a su casa ordenara que con olotes, se calentara el boiler; preparada el agua,  posponía su baño objetando: ‘para otro día será’.

Con Botas

En la región había la costumbre cuando se casaba una pareja, como mera atención a la familia de la novia después del matrimonio, la ahora ya esposa, se quedaba todavía una semana en la casa de sus padres. Mi tío en cumpliendo con la costumbre, no solamente la dejó una semana en casa de su ahora familia política, sino que pasaron seis meses, al tiempo que todavía no iba por ella;  ocasionando suspicacias entre los malditillos del pueblo,  hasta que mi bisabuelo, lo precisó a que la recogiera y la llevara a su nuevo hogar. Aquellos  “malditillos” estuvieron al punto para espiarlos a través de las rendijas de las desvencijadas ventanas de la alcoba nupcial, en su primera noche de matrimonio. Contaban que Chema sin dejar de fumar  permanecía sentado en un equipal al lado de la cama desde donde su esposa, lo que su pudor le permitía, lo incitaba llamándolo:

- ¡Chema, ya vente! -Él, tajantemente se negaba:

- ¡No!-

- ¿Por qué?  

- ¡Es que estoy impuesto a dormir solo!

- Pero Chema, -insistiendo la todavía señorita:

 - ¡Ven, no te va a pasar nada!

Y sin condescender, se limitaba nerviosamente a seguir fumando o cruzar los brazos… pasadas las horas,  más que la insistencia de su esposa lo venció el sueño. 

Ya sin replicar, con dificultades y sin práctica, la ya próxima señora le desprendió de la chazarilla, los pantalones de buen lienzo y estilo de montar, cuando ya semidesnudo  antes de arrojarse al lecho, turulato y adormilado, solo alcanzó a  medio objetar:

-¡Bueno, bueno, está bien, pero déjame las botas!

Severito

            Mi tío Chema, por su trabajo y su comercio, el más importante del pueblo,  le hacía tener bastantes relaciones, también buenas amistades, algunas de muy alta estima, como lo era el ya muy anciano, aunque vital, Padre Severito. El anciano  padrecito por las tardes rondaba el pueblo con su canasta recogiendo la ‘limosna’; llegando ‘al pardear’ a visitar a mi tío, y él,  como una mera atención lo hacía traspasar el mostrador, para ambos sentarse a platicar, sobre las tapaderas de unos cajones que almacenaban piloncillo, granos y cereales. Así pasaban el resto de la tarde platicando y fumando.

El padre Severito era tan popular, que se le aglomeraba la gente a su confesionario,  para recibir la absolución de sus faltas. En aquellos tiempos los hombres se confesaban cara al padre, y las damas de lado del confesionario, mediante una rejilla. El padrecito debido a su edad, ya bastante sordo, menester era gritarle  los pecados, así como él les preguntaba, quedando todo mundo enterado.  De niño acompañando a mi mamá a hacer fila para que se confesara, el padrecito ya agotado de tanto confesar se quedó dormido, despertando de súbito, fijándose a través de la rejilla  que la confesante se le había ido sin darle la penitencia, saca la cabeza  del confesionario y declara en voz alta:

            -¡La mujer que se robó las dos gallinas que rece tres Padre nuestros!

 Severito y mi tío Chema, eran dos almas gemelas, a cual más de inteligentes,  que navegaban tanto uno como el otro, con bandera de inocentes, diestros en el disimulo.  

 Por semana santa, mi tío cumpliendo con el precepto, decidió ir a confesarse con el Padre; dándole pena declarar de frente y de cara a su amigo sus faltas, decidió hacer fila por el lado de las damas para confesarse a través de la rejilla;  declarado mi tío sus pecados, Severito reconoce la voz de su amigo sale del confesionario y viendo a mi tío arrodillado cara a la rejilla  por el lado de las mujeres, alterado y manoteando le dice a voz en cuello, enterando a la muchedumbre que abarrotaba el oratorio:

 ¡Pero  Chema… mi amigo, tú, tan buen hombre, y con esos pecadotes!


La casa de cita al revés

  Mientras me  iba haciendo joven,  más convivía con mi tío. A menudo me la pasaba casi todo el día con él, oyendo sus pláticas con los clientes, con los amigos, o bien, aprovechándome de su credulidad, contándole alguna mentira o algún chiste colorado; si por alguna circunstancia no iba a su tienda, o no nos veíamos, nos extrañábamos mutuamente.

En ese tiempo en Yahualica no había bachillerato, terminado mis estudios secundarios tuve que irme a Guadalajara a estudiar la preparatoria. El fin de semana en Guadalajara es muy aburrido para los estudiantes foráneos; además de tener una sociedad muy cerrada, donde difícilmente pueden  convivir, si no  tienes ‘pedigrí’; ese día para los tapatíos es de exclusividad familiar. Así que mejor me iba a pasar el fin de semana a Yahualica, con mi gente y a mi ambiente.   Al salir de mi casa, que está al lado de la tienda de mi tío,  para ir a platicar con los amigos, escuchar la música, ver las muchachas en la plaza y jardín municipal: en cuanto salto el machuelo de la banqueta hacia el arroyo de la calle,  me divisa, llamándome para preguntarme, con tono de cierta preocupación:

-¿Y, cómo te  fue en Guadalajara?

 –¡Muy bien! Ya tuve mi primera semana de clases, vine a pasar  el fin de semana.

 – ¡Qué bien!- y agrega:

-Ten mucho cuidado, Guadalajara es una ciudad donde puede haber muchos peligros-. Al instante se me prende el foco. Famosas eran las casas de cita de Guadalajara de las que los adolescentes escuchábamos de los mayores, fantásticos relatos e inspirándome en ellos y en un  rumor escuchado de mis compañeros en Guadalajara, le cuento:

 -Sí, Chema (insólitamente a la época, a mi tío le hablaba de tú), me platicaron que hay una ‘casa de cita’… - no había terminado la frase, cuando me interrumpe, tranquilizándome:

-Sí, pero no te espantes, Guadalajara es una capital muy grande, y debe de haber muchas ‘casas’ de ésas.

-Sí, ya lo sé, pero esta casa que te voy a comentar es diferente, no es como las demás, está al revés. Y Chema alzando un poco la voz, desconcertado pregunta:

-¿Cómo que al revés?

-¡Sí! En esta casa, en lugar de haber mujeres, como en las demás ¡hay hombres! -.  Echándole vuelo a mi imaginación, prosigo: es una casa muy lujosa a donde por la noche van las esposas de los empresarios, de los comerciantes, de los ricos, a escoger su  ‘chamacón’. En ese momento se deja oír  la banda de música que enfrente empezaba a tocar en la plaza y jardín municipal; yo, por ir al bullicio, rápidamente corté la plática y  me despedí:

-¡Nos vemos Ch… hasta al próximo fin de semana vuelvo!

 Casi corriendo hacia la plaza pública,  donde me la pasé buen rato dando flores, lanzando serpentinas, platicando y disfrutado con los amigos.  Al regreso, me extraña que la tienda de Chema todavía estuviera con las luces prendidas y las puertas abiertas. Chema era metódico y disciplinado, religiosamente habría a las siete de la mañana y cerraba a las nueve de la noche, y ya pasaban de las diez. En lugar de entrar a mi casa que es aledaña, llego a la tienda.  Chema, sentado en los cajones de los cereales nerviosamente fumaba.

-¿Qué ocurre Chema, por qué  no has cerrado la tienda?

-¡Porque te estaba esperando!

-¿A mí… para qué?

-Me dejaste, muy preocupado

-¿Yo… por qué?

-Por lo que me contaste.

-¡Ah canijo! ¿Pues qué te conté?- Le platicaba tantas cosas, verdades revueltas con mentiras, que no sabía ni por dónde me llegaba la tirada.

- ¡Lo de la casa al revés!- Aclarando, puntualiza: -a donde van esas mujeres, esposas de los empresarios, de los ricos, de los comerciantes de Guadalajara. Me dejaste muy preocupado, pero al mismo tiempo contento y dándole gracias a Dios,  que a mí me haya tocado una mujer tan santa y buena; tanto así, que en casi treinta años que tenemos de matrimonio, ninguna mortificación me ha provocado, pero  me puse a pensar…. ¿Cómo han de estar de mortificados y atormentados los esposos de esas mujeres vagas, que van a esas casas?  En ese aspecto estoy tranquilo y feliz; mi esposa se fue hace dos días a Guadalajara a visitar a mis hijas, que están estudiando para maestras, con toda mi confianza la dejo que se quede visitando, algunas veces hasta quince días.

- Por parte tuya tienes razón en estar tranquilo,  pero por parte de los otros maridos tampoco deberías estar preocupado ¿Tú crees, que esas mujeres, las esposas de los ricos  comerciantes de Guadalajara que van a esas casas, le van a decir a sus maridos, a dónde van? ¡No, no hay que ser ingenuo, ellas seguramente les dicen a sus esposos, que van al cine, a tomar un café, o hasta misa! Así que por ellos, no te preocupes,  también ellos piensan que tienen una mujer tan buena, y tan santa, como la que tú tienes. Al instante y como tapón de sidra sale expulsada la bachicha del cigarro que sostenían sus labios;  airado se lanzó a la trastienda a donde estaba el teléfono, para pedir a la operadora una llamada de carácter urgente a Guadalajara, con la intención de hablar con su señora.

Con inusual energía en su voz, ordena a su mujer regresar, en el primer autobús que partiera por la mañana. Y casi sin dejarla hablar, le remata:

-Guadalajara es una ciudad donde hay muchos peligros y tentaciones, y tú ¿quién sabe en qué pasos has de andar?


EL Striptease

Otro de los amigos de gran estima de mi tío, era Rogelio, que de vez en cuando cooperaba conmigo para bromear a mi tío. Al pasar por el portal de su casa saludándolo y dándole la bienvenida, pues radicaba en Nuevo León, me pregunta por Chema mi tío.

-Como siempre, en  su tienda.

-Ya hace tiempo que no lo veo ¡vamos a saludarlo! de paso lo bromeas un poco.

-¡No! Le acabo de echar unas mentirotas, que mejor ahora te toca a ti.

 Arribando, Rogelio lo saludó con efusión y afecto:

-¡Hola Chema cómo estás!-  Chema, con el mismo acento:

-Muy bien Lelio-, así lo nombraba de cariño. -¡Pásate, pásate!-, echándole el brazo al hombro lo induce hacia dentro del mostrador.

-Nomás un rato Chema…

Mi tío compungido:

-¿Por qué, Lelio!-

- Vengo algo desvelado…,- a la vez que Rogelio me cierra un ojo,  señal de que iba a iniciar la broma. -Acabo llegar de Monterrey, en la víspera mis trabajadores me hicieron una despedida, llevándome a ver un striptease- . Mi tío ante palabra tan rara, no acataba:

¿Y qué es eso, Lelio?

Al tiempo que encendían cada uno su cigarro, iniciado Rogelio la explicación de ‘bulto’,  entre bocanadas de humo, con todo lujo de detalles:

            -Tampoco sabía lo que era, hasta ayer-; por supuesto que haciéndose el ignorante;  comienza su alocución:

- En una pista de baile sale una dama muy bien vestida, con sombrero, con abrigo, con joyas, bailando a ritmo y a la cadencia de la música... -, mientras mi tío viéndome de reojo, con sonrisa nerviosa le da el golpe al humo del cigarrillo. Rogelio prosigue:

 -  …sensualmente  baila, con mesura se va desprendiendo la ropa: comenzando por el sombrero…, las joyas…, los guantes…. - Mi tío, a cada desgajamiento de prendas, le tomaba más atención al relato. Nuestro amigo sin perder la ilación, sigue adelante: 

-…para enseguida por su propio peso caiga el abrigo… luego, con toda parsimonia,  dando la espalda corre la cremallera de su vestido, para que se vaya deslizando sobre su cuerpo hasta caer en el piso-, estando por terminar nerviosamente el cigarro mi tío aprovecha para con ese mismo encender el otro. Rogelio hace una pausa, para también catar su cigarro…

-Ya quedado la dama en fondo de seda negro, pasa las manos sobre  su cuerpo para hacernos destacar cada una de las partes de su escultórica anatomía.
- Chema fumaba con tanta avidez, que la ceniza de su cigarrillo se había agrandado, dejando ya diminuto lo que quedaba del cigarro; exudando le salían gotas de su frente por cada uno de sus poros. Rogelio haciendo gala de sus facultad actoral y narrativa, precisa que la dama ya nomás vestía dos prendas: el corpiño y las bragas,  prosigue:

 - En ese instante la trompeta de la orquesta hace su entrada, tocando con toda efusividad, acrecentando la voluptuosidad del ambiente, al tiempo que la iluminación del  escenario iba quedado en penumbra. La dama empieza a deslizar por sus hombros,   los breteles de su corpiño - Rogelio con todo y mímica nos hace notar, que la dama iba a su espalda se disponía a desprender el broche para liberarse de la prenda.  -Mi tío advierte que sus bifocales a causa del sudor se le habían empañado. En tono de súplica le implora, pidiendo una pausa:

 -¡Espérate Lelio, espérate!

 Luego de saca Chema su encarnado paliacate para limpiar sus espejuelos. Aclarados sus bifocales, con la cabeza asiente, dando  entender que podía continuar. Rogelio obedientemente prosigue con la caída de la penúltima prenda,  sin dejar de describirnos con minucioso detalle, todas las bondades de aquellos protuberantes senos.

No quedando más que las pantaletas, Rogelio abunda que, con solo desatar un fragilisimo nudo a la altura de la cadera, estas caerían por sí solas.

 Rogelio, poseído del personaje, con parsimonia y sensual mímica, hace que va desatando en su cadera el nudo y, al estar las pantaletas por caer… se oye de mi tío un aterrador grito:

 - ¡Ay Dios! -parando la actuación en seco.

   Inacabado relato; semidesnudo e inconcluso striptease.

Elías Limón González.
















2 comentarios:

  1. Me encantó la narración! !!!!!!
    Las anécdotas muy entretenidas, pero sobre todo la manera como está escrito. Muy fluido.
    Lo disfruté mucho, y me reí mucho.
    Gracias! !!!!

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  2. Me encantó la narración! !!!!!!
    Las anécdotas muy entretenidas, pero sobre todo la manera como está escrito. Muy fluido.
    Lo disfruté mucho, y me reí mucho.
    Gracias! !!!!

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