sábado, 23 de mayo de 2015

La Trinidad en la santificación

Dinámica Trinitaria en la santificación
(de los seres racionales)


          Dios Padre concede a todos el ser, y la comunión con Cristo en cuanto Logos o Razón hace que sean racionales [λογικοί]. De esto se sigue que son dignos de alabanza de culpa, porque son capaces tanto de virtud como de malicia. Por esto, en consecuencia, también está presente la gracia del Espíritu Santo, para los que por sustancia no son santos, por la comunión con él se vuelvan santos (la santidad no se posee por naturaleza (substantialiter), sino el que es capaz de virtud o vicio, por gracia, está en la comunión del Espíritu Santo). De manera que, en primer lugar, reciban el ser de parte de Dios Padre, en segundo lugar, reciban el ser racionales [λογικοί] de parte del Logos, y en tercer lugar reciban el ser santos de parte del Espíritu Santo; y a la inversa aquellos que ya hayan sido santificados por el Espíritu Santo sean hechos capaces de Cristo en cuanto justicia de Dios (Camino trinitario de ida y vuelta: en la divinización de los racionales: Dios Padre concede el <<ser>>, que es condición para que el Logos conceda ser <<racional>>, que es, a la vez, condición para que el Espíritu Santo conceda al racional ser <<santo>>; y a la inversa, el don del Espíritu vuelve capaces del Logos en cuanto justicia de Dios). Y los que merecieron progresar hasta este grado, por la santificación del Espíritu Santo, alcanzan también el don de la sabiduría, de acuerdo al poder de la actividad del Espíritu de Dios. Estimo que Pablo afirma esto cuando dice que algunos les es dada una palabra de conocimiento, según el mismo Espíritu, y señalando la distinción de cada uno de los dones, refiere todo a la fuente de todo, y dice: Hay diversidad de operaciones, pero el mismo Dios que obra tanto en todos (1Co 12,6)Donde se desprende que la actividad del Padre, que concede a todos el ser, es hallada más gloriosa y grandiosa, cuando cada cual progresa y alcanza grados más altos de progreso, por la comunión con Cristo en cuanto es Sabiduría, Conocimiento y Santificación, y por el hecho de que uno es santificado por la comunión con el Espíritu Santo, vuelto más seguro e íntegro, recibe más dignamente la gracia de la sabiduría y el conocimiento. De manera que, una vez rechazadas y purificadas todas las manchas de la impureza y de la ignorancia, acceda en tal progreso en la integridad y en la pureza, como para que la existencia que recibe de parte de Dios sea tal como es digno de Dios que le ha provisto para existir de modo puro y perfecto, a fin de que lo que existe sea tan digno como Aquel que le concedió la existencia. Así pues, el que es tal como quiso que fuera el que lo creo experimentará que la virtud que viene de Dios existe siempre y permanece eternamente. Para que esto ocurra y para que las criaturas, sin interrupción y sin separación, estén ante Aquel que es (Ex 3,14), es necesario para la sabiduría instruirlas y educarlas, y conducirlas a la perfección por la fortaleza y constante santificación del Espíritu Santo: por ella solamente pueden ser capaces de Dios (Entonces, los seres racionales han sido creados para que, alcanzando la perfección, lleguen a estar frente a Dios).

          [¿Estabilidad de la contemplación final?]

          Entonces, por la incesante obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en favor nuestro, dispuesta en cada uno de los grados de perfección, tenemos la posibilidad, de tal vez algún día, con mucho trabajo, de contemplar la vida santa y feliz. Cuando después de muchos combates, uno haya podido llegar a ella, de tal modo debemos permanecer en esta vida que ninguna saciedad de aquel bien se apodere de nosotros. Por el contrario, cuanto más experimentemos aquella felicidad, tanto más se dilate y aumente en nosotros el deseo de ella, en la medida que siempre con mayor ardor y mayor capacidad acogemos y poseemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Pero, si alguna vez la saciedad se habrá apoderado de alguno de los que alcanzaron el grado más alto y más perfecto, no me parece que uno lo abandone y decaiga de golpe, sino que es necesario que descienda lentamente y por partes (de este modo, alguna vez puede suceder, que sí alguien ha tenido una caída momentánea, se arrepienta rápidamente y vuelva en sí), para que no se precipite hasta el fondo,sino que rectifique el rumbo, regrese a su estado y pueda recuperar aquello que por negligencia había perdido (Pero, por la permanencia del libre albedrío, ¿puede producirse una segunda caída? Según Orígenes, solo en el amor se realiza simultáneamente la libertad y la estabilidad: <<Pero que qué es lo que sostiene la libertad del arbitrio en los siglos futuros, para que no vuelva a caer en pecado, con breves palabras, el Apóstol lo enseña, cuando dice: “El amor nunca decae”>>, CRm V, 10; además: <<Cuando carezcamos de vicios, por una práctica renovada, la virtud se vuelve naturaleza (virtutem novo usu vertimus in naturam)>>).

          En efecto, si alguien se hubiera interiorizado poco a poco en el conocimiento, por ejemplo, de la geometría o de la medicina, hasta alcanzar la perfección, instruyéndose por mucho tiempo por medio del estudio y la práctica, hasta apropiarse plenamente de la disciplina del mencionado oficio, a este nunca le podría suceder que se durmiera experto y se despertara ignorante. Aquel geómetra o médico mientras se dedica a la reflexión de su oficio y a la instrucción racional, el conocimiento de la disciplina permanece en él, pero si desatiende los ejercicios y se vuelve negligente en la aplicación, paso a paso, por la negligencia, primero pierde poco, luego mucho, y así, después de mucho tiempo, todo pasa al olvido y todo desaparece completamente de la memoria. Ciertamente, puede suceder que cuando incipientemente haya comenzado a decaer y aún poco haya sido corrompido por la negligencia, si se despabila y vuelve en sí muy rápidamente, recupere aquello que solo recientemente había dejado ir y vuelva a cultivar aquello que había sufrido por una decadencia todavía pequeña (Los racionales se definen por el libre albedrío y, por ello, jamás pierden, y siempre conservan la capacidad de escoger entre el bien y el mal).

          ORÍGENES

SOBRE LOS PRINCIPIOS

 Traducción: Samuel Fernández

Selección:

Elías Limón González.



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