Dinámica
Trinitaria en la santificación
(de los seres racionales)
Dios Padre concede a todos
el ser, y la comunión con Cristo en cuanto Logos o Razón hace que sean
racionales [λογικοί]. De esto se sigue que son dignos de alabanza de culpa,
porque son capaces tanto de virtud como de malicia. Por esto, en consecuencia,
también está presente la gracia del Espíritu Santo, para los que por sustancia
no son santos, por la comunión con él se vuelvan santos (la santidad no se posee
por naturaleza (substantialiter),
sino el que es capaz de virtud o vicio, por gracia, está en la comunión del
Espíritu Santo). De manera que, en primer lugar, reciban el ser de
parte de Dios Padre, en segundo lugar, reciban el ser racionales [λογικοί] de
parte del Logos, y en tercer lugar reciban el ser santos de parte del Espíritu
Santo; y a la inversa aquellos que ya hayan sido santificados por el Espíritu
Santo sean hechos capaces de Cristo en cuanto justicia de Dios (Camino trinitario de ida y vuelta: en la divinización de los
racionales: Dios Padre concede el <<ser>>, que es condición para
que el Logos conceda ser <<racional>>, que es, a la vez, condición
para que el Espíritu Santo conceda al racional ser <<santo>>; y a
la inversa, el don del Espíritu vuelve capaces del Logos en cuanto justicia de
Dios). Y los que merecieron progresar hasta este grado, por la santificación
del Espíritu Santo, alcanzan también el don de la sabiduría, de acuerdo al
poder de la actividad del Espíritu de Dios. Estimo que Pablo afirma esto cuando
dice que algunos les es dada una palabra de conocimiento, según el mismo
Espíritu, y señalando la distinción de cada uno de los dones, refiere todo a la
fuente de todo, y dice: Hay diversidad de
operaciones, pero el mismo Dios que obra tanto en todos (1Co 12,6). Donde se desprende que la actividad del Padre,
que concede a todos el ser, es hallada más gloriosa y grandiosa, cuando cada cual progresa y alcanza grados más altos
de progreso, por la comunión con Cristo en cuanto es Sabiduría, Conocimiento y
Santificación, y por el hecho de que uno es santificado por la comunión con el
Espíritu Santo, vuelto más seguro e íntegro, recibe más dignamente la gracia de
la sabiduría y el conocimiento. De manera que, una vez rechazadas y purificadas
todas las manchas de la impureza y de la ignorancia, acceda en tal progreso en
la integridad y en la pureza, como para que la existencia que recibe de parte
de Dios sea tal como es digno de Dios que le ha provisto para existir de modo
puro y perfecto, a fin de que lo que existe sea tan digno como Aquel que le
concedió la existencia. Así pues, el que es tal como quiso que fuera el que lo
creo experimentará que la virtud que viene de Dios existe siempre y permanece
eternamente. Para que esto ocurra y para que las criaturas, sin interrupción y
sin separación, estén ante Aquel que es
(Ex
3,14), es necesario para la sabiduría instruirlas y educarlas, y conducirlas a
la perfección por la fortaleza y constante santificación del Espíritu Santo:
por ella solamente pueden ser capaces de Dios (Entonces, los seres
racionales han sido creados para que, alcanzando la perfección, lleguen a estar
frente a Dios).
[¿Estabilidad de la contemplación final?]
Entonces, por la incesante obra del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo en favor nuestro, dispuesta en cada uno de los grados de
perfección, tenemos la posibilidad, de tal vez algún día, con mucho trabajo, de
contemplar la vida santa y feliz. Cuando después de muchos combates, uno haya
podido llegar a ella, de tal modo debemos permanecer en esta vida que ninguna
saciedad de aquel bien se apodere de nosotros. Por el contrario, cuanto
más experimentemos aquella felicidad, tanto más se dilate y aumente en nosotros
el deseo de ella, en la medida que siempre con mayor ardor y mayor capacidad
acogemos y poseemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Pero, si alguna vez
la saciedad se habrá apoderado de alguno de los que alcanzaron el grado más
alto y más perfecto, no me parece que uno lo abandone y decaiga de golpe, sino
que es necesario que descienda lentamente y por partes (de este modo, alguna
vez puede suceder, que sí alguien ha tenido una caída momentánea, se arrepienta
rápidamente y vuelva en sí), para que no se precipite hasta el fondo,sino que
rectifique el rumbo, regrese a su estado y pueda recuperar aquello que por
negligencia había perdido (Pero, por la permanencia del libre albedrío,
¿puede producirse una segunda caída? Según Orígenes, solo en el amor se realiza
simultáneamente la libertad y la estabilidad: <<Pero que qué es lo que
sostiene la libertad del arbitrio en los siglos futuros, para que no vuelva a
caer en pecado, con breves palabras, el Apóstol lo enseña, cuando dice: “El
amor nunca decae”>>, CRm V, 10; además: <<Cuando carezcamos de
vicios, por una práctica renovada, la virtud se vuelve naturaleza (virtutem novo usu vertimus in naturam)>>).
En efecto, si alguien se hubiera interiorizado poco a poco
en el conocimiento, por ejemplo, de la geometría o de la medicina, hasta
alcanzar la perfección, instruyéndose por mucho tiempo por medio del estudio y
la práctica, hasta apropiarse plenamente de la disciplina del mencionado
oficio, a este nunca le podría suceder que se durmiera experto y se despertara
ignorante. Aquel geómetra o médico mientras se dedica a la reflexión de su
oficio y a la instrucción racional, el conocimiento de la disciplina permanece
en él, pero si desatiende los ejercicios y se vuelve negligente en la
aplicación, paso a paso, por la negligencia, primero pierde poco, luego mucho,
y así, después de mucho tiempo, todo pasa al olvido y todo desaparece completamente
de la memoria. Ciertamente, puede suceder que
cuando incipientemente haya comenzado a decaer y aún poco haya sido corrompido
por la negligencia, si se despabila y vuelve en sí muy rápidamente, recupere
aquello que solo recientemente había dejado ir y vuelva a cultivar aquello que
había sufrido por una decadencia todavía pequeña (Los racionales se definen
por el libre albedrío y, por ello, jamás pierden, y siempre conservan la
capacidad de escoger entre el bien y el mal).
ORÍGENES
SOBRE LOS PRINCIPIOS
Traducción: Samuel Fernández
Selección:
Elías Limón González.
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