LA CONDESCENDENCIA DIVINA
(en cuanto al entendimiento de las Escrituras)
Así como nosotros, al
hablar a niños pequeñitos, no desplegamos toda nuestra elocuencia en el decir,
sino que acomodamos lo que decimos a la flaqueza de nuestros oyentes y hacemos
lo que nos pareced conveniente para la conversión y corrección de los niños
como niños; así parece que el Verbo de Dios dispuso las Escrituras, atemperando
lo que convenía decir a la capacidad y provecho de los oyentes. Y, de modo
general, acerca de este modo de predicar las cosas de Dios se dice así en el
Deuteronomio: “Ha condescendido contigo el Señor Dios tuyo, como condescendería
un padre con su hijo” (Deut. 1, 31; Act. 13, 18). Así habla la Escritura,
como si dijéramos, tomando carácter humano para bien de los hombres. Nada, en
efecto, hubieran sacado las muchedumbres de que Dios, asumiendo el papel que a
su majestad convenía, les hubiera dicho lo que a ellas tenía que decir. Sin embargo,
el que se consagre a explicar las divinas Escrituras, si sabe contrastar lo que
dicen espiritualmente con los que se llaman espirituales (1 Cor 1, 13), hallará, por ellas
mismas, el sentido de lo que dicen para los débiles y lo que consignan para los
inteligentes, que muchas veces se encuentra en el mismo texto para quien sabe
leerlo.
CONTRA CELSO, Orígenes de Alejandría
(siglo II).
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