lunes, 15 de julio de 2013

ANICONISMO CRISTIANO



          Para nosotros, los cristianos, son altares la mente de cada justo, y de ellos suben, real y espiritualmente, olorosos inciensos, que son las oraciones que brotan de conciencia limpia. De ahí que se diga en el Apocalipsis de Juan (5,8): Los perfumes son las oraciones de los santos. En el salmista: Sea mi oración como incienso en su acatamiento. (Ps 140,2).

          Las imágenes, empero, y las ofrendas que convienen a Dios, no son las fabricadas por artesanos vulgares, sino las que labra y modela en nosotros el Logos de Dios, las virtudes que imitan al Primogénito de toda la creación (Col 1,15), donde están los ejemplares de la justicia, prudencia, fortaleza, sabiduría y demás virtudes. Así, pues, en todos aquellos que, de acuerdo con el Logos divino, se han fabricado para sí la templanza, justicia, fortaleza, sabiduría y piedad y demás imágenes de virtudes, en ésos, decimos, se levantan las estatuas, con las que estamos convencidos se honra debidamente al que es prototipo de todas las imágenes, imagen del Dios invisible (Col 1,15) y Dios unigénito (Io 1,18). Todos aquellos, además, que, desnudándose del hombre viejo con sus obras y revistiéndose del nuevo, que se renueva para conocer según la imagen del Creador, erigen en sí mismos estatuas tales como las quiere el Dios supremo.

          Sin embargo, como entre escultores y pintores los hay que realizan maravillosamente su obra, por ejemplo, Fidias y Policleto entre los escultores, y Zeuxis y Apeles entre los pintores; otros fabrican imágenes con arte inferior al de estos; otros, fabricación de estatuas e imágenes; por el mismo estilo hay quienes fabrican estatuas del Dios supremo con más arte y ciencia acabada, de forma que no cabe comparación alguna entre Zeus Olímpico labrado por Fidias y el hombre que se configura según la imagen del creador. Eso sí, la imagen mejor y que aventaja con mucho toda otra de la creación entera es la que se levanta en nuestro Salvador mismo, que dijo: El Padre está en mí (Io 14,10).


          CONTRA CELSO. Orígenes de Alejandría.

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