Para
nosotros, los cristianos, son altares la mente de cada justo, y de ellos suben,
real y espiritualmente, olorosos inciensos, que son las oraciones que brotan de
conciencia limpia. De ahí que se diga en el Apocalipsis de Juan (5,8): Los
perfumes son las oraciones de los santos. En el salmista: Sea mi oración
como incienso en su acatamiento. (Ps 140,2).
Las imágenes, empero, y las ofrendas
que convienen a Dios, no son las fabricadas por artesanos vulgares, sino las
que labra y modela en nosotros el Logos de Dios, las virtudes que imitan al Primogénito
de toda la creación (Col 1,15), donde están los ejemplares de la justicia,
prudencia, fortaleza, sabiduría y demás virtudes. Así, pues, en todos aquellos
que, de acuerdo con el Logos divino, se han fabricado para sí la templanza,
justicia, fortaleza, sabiduría y piedad y demás imágenes de virtudes, en ésos,
decimos, se levantan las estatuas, con las que estamos convencidos se honra
debidamente al que es prototipo de todas las imágenes, imagen del Dios invisible
(Col 1,15) y Dios unigénito (Io 1,18). Todos aquellos, además, que, desnudándose
del hombre viejo con sus obras y revistiéndose del nuevo, que se renueva para
conocer según la imagen del Creador, erigen en sí mismos estatuas tales como
las quiere el Dios supremo.
Sin embargo, como entre escultores y
pintores los hay que realizan maravillosamente su obra, por ejemplo, Fidias y Policleto
entre los escultores, y Zeuxis y Apeles entre los pintores; otros fabrican
imágenes con arte inferior al de estos; otros, fabricación de estatuas e
imágenes; por el mismo estilo hay quienes fabrican estatuas del Dios supremo con
más arte y ciencia acabada, de forma que no cabe comparación alguna entre Zeus
Olímpico labrado por Fidias y el hombre que se configura según la imagen del
creador. Eso sí, la imagen mejor y que aventaja con mucho toda otra de la
creación entera es la que se levanta en nuestro Salvador mismo, que dijo: El
Padre está en mí (Io 14,10).
CONTRA CELSO.
Orígenes de Alejandría.
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