Víctor
Cuando fallece un familiar muy querido, ordinariamente
se dice que nos deja un gran vacío; en el caso de Víctor, o como lo nombran mis
hermanos y primos “Mi tío Víctor”, por supuesto que también, su presencia
física la vamos a echar mucho de menos. Pero, aparte de ese vacío exterior, nos
deja con un gran lleno interior, como decimos cuando nos han servido de más: ¡hasta
“pilón” nos ha dejado! Tanto así, que yo no podría explicar las diferentes
etapas de mi vida, sin la presencia de Víctor.
Nuestra relación primera no fue fácil, pues él
era el hijo menor de mis abuelos y yo el primer nieto, por lo tanto él padeció,
por mi causa de niño “chiqueado”, la reciedumbre de mi abuelo y algún desdeño de mis tías.
Luego, cuando yo todavía niño, y él ya
joven, antes de irse a estudiar, con la bondad que le caracterizaba, me dejó su “poni”, así que, la afición por los
caballos, se la debo a él. Ya yo
adolescente el primer traje que vestí, me lo dio mi “mamá Luz”, un traje de
lino precioso, color perla, era de él. Ya yo joven, empezando yo a “noviar”, mi
consejero sentimental, también fue él; así como las correcciones a mis
fallas personales, de la forma más fina y tierna, de él las recibí.
Víctor fue una persona con muchas virtudes: muy
culto: le debo el gusto por la lectura, todavía recuerdo pasajes de una novela
de Julio Verne, Miguel Strogoff, que me
leía en voz alta. De vocación ranchero ¡y de “a caballo”! sabía de mecánica, de
caligrafía: le llegue a ver escribir cartas con grafías de variados estilos. Buen
dibujante, recuerdo unas siluetas equinas dibujadas por él, en los sudaderos de
sus caballos; y como diseñador, los primeros calzoncillos de deporte que yo requería en la Secundaria,
él me los “cortó”. Buen deportista, su fineza y educación la mostraba
dondequiera que andaba: en el deporte nunca contestó una agresión, aun habiendo participado en partidos de futbol
tan rudos como eran aquellos contra Mezcala, o contra San José de Gracia, y eso
lo podemos corroborar con sus compañeros del equipo “Gallos”. Buen hijo, respetuosísimo hermano, y no menos
cariñoso padre; de una sensibilidad poco común que provenía de su extraordinario
corazón, no se le podía contar algún problema personal porque los sufría en
carne propia.
Para mí ése era Víctor, y ese es, el que
permanece en mi corazón.
Elías Limón González.
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