<< ¡Cualquier pareja de cristianos,
unidos por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina, el mismo
servicio! Ambos hermanos, ambos servidores, el uno con el otro; nada les
separe, ni el espíritu de la carne; al contrario, sean verdaderamente dos en
una sola carne. Donde la carne es una, también es el espíritu. En conjunto
rezan, se prosternan, en conjunto observan a los jóvenes; se instruyen, exhortan
y alientan mutuamente.
Ellos son el uno con el otro en igualdad en
la Iglesia, y en igualdad en el banquete de Dios, en igualdad en las pruebas,
las persecuciones, las consolaciones. Entre el uno y el otro ningún secreto,
ninguna evasiva, ningún motivo de pena, en completa libertad se visita a los
enfermos y asisten a los indigentes. Para la limosna sin trabas, para el
sacrificio sin contratiempo, para la observancia de los deberes cotidianos sin
excusas; sin signo de cruz oculto, de saludo inquieto o bendición muda. Entre
los dos, salmos e himnos resuenan; se provocan mutuamente para saberse quien
canta mejor al Señor. Cristo se alegra a es vista y a ese concierto. Él les
envía su paz. Allí donde dos están reunidos, Él está presente. Allí donde Él
está presente el mal no tiene cabida. >>*
*TERTULIEN, À son épouse.
Elías Limón González.
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