miércoles, 26 de marzo de 2014

La trascendencia actual de la exégesis patrística

La trascendencia actual de la exégesis patrística

Se observa de principio con ello: fuera incluso de toda la preocupación exegética, muchos encuentran en las homilías o comentarios de los Padres sobre la Escritura una nutrición espiritual de gran valor – o sea para favorecerla de los oficios de las vigilias de los monasterios,- o de las lecturas personales en el cuadro de la liturgia de las horas, o aún en otras circunstancias.  Un tal hecho es en sí significativo. Ello prueba que tales meditaciones patrísticas sobre la Escritura son para incluso reunir al  cristiano ahora y de alimentar su vida interior. Eso merece ser particularmente resaltado en una época donde se encuentra a menudo valorando las tradiciones de las orientales; es necesario recordar, en esta situación, que muchos de los textos patrísticos sobre las Escrituras trasmiten ellos mismo los tesoros de la sabiduría y de la experiencia espiritual.

Pero acerquémonos -a la cuestión central que preside del conjunto de nuestra reflexión: que es lo que, a pesar de las aportaciones decisivas de la exégesis crítica continúa haciendo, hoy incluso, la importancia de la exégesis patrística? Daremos a esa cuestión varias respuestas, terminando por la que es fundamental.

En primer lugar, se debe tomar nota del hecho, que la antigua literatura cristiana se relata en lengua griega, para el Antiguo Testamento, a la tradición de los Setenta, y que la enriquece por nuestro mismo conocimiento y nuestra comprensión del texto bíblico. Decir eso no vuelve en absoluto para despreciar el trabajo de Jerónimo, que ha tenido el mérito de empezar de nuevo del texto hebreo para ofrecer una traducción latina. Pero la preeminencia reconoce a la << veritas hebraica >> no pone en relevancia la importancia de la << biblia de Alejandría >>: el texto de las Escrituras antiguas fue traducido en griego antes de la venida de Cristo, y es a esa traducción que se referían los autores del Nuevo Testamento además, luego ellos, los escribanos cristianos de lengua griega.

Debemos ciertamente admitir que Los Setenta no ha siempre restituido el verdadero sentido del hebreo; en otro aspecto, sin embargo, la versión griega ha enriquecido la versión hebraica (como ocurre en toda la traducción que, tan fiel sea a el original, aporta necesariamente de lo nuevo por su manera de hacer llamar a las fuentes de una y otra lengua), lo que hace que los Setenta haya sido tenida por una traducción << inspirada >> da todavía más pie a esta última señal. La exégesis patrística nos ayuda a mejor conocer el << complemento de sentido >> que la Biblia de Alejandría aporta así al texto hebraico – y eso es por tanto más importante que, lo repetimos, es a esta Biblia a la que se refieren los Autores del Nuevo Testamento.

            Reconocemos la importancia dada al lector, en tanto que se implica en la lectura del texto bíblico y, no contento de haber tomado el sentido literal, al obtener libremente los acordes escondidos. Gregorio el Grande lo hubo ya dicho a su manera, asociando la búsqueda de sentido al progreso del alma. Cuando explica el verso de Ezequiel 1, 19 (<< Cuando los  avanzan los Seres, las ruedas igualmente avanzan; y cuando los Seres se elevan de la tierra, las ruedas al mismo tiempo se elevan >>), y comenta:

          << Las revelaciones crecen con lo que les ilumina (Divina eloquia cum legente crescunt): es más si se dirige alto su mirada, más profundo es el sentido. Las ruedas no se elevan si no se elevan los seres. Si el alma del lector no sube, las palabras divinas, incomprendidas, quedan por así decir al ras de la tierra. Cuando el texto divino aparece sin calor a quien lo lee, cuando el lenguaje de la Escritura sagrada no pone su alma en movimiento y no jala ningún rasgo de luz en su inteligencia, la rueda es inactiva y al piso, porque el Ser no se eleva de la tierra. Pero si el Ser avanza, es decir y busca las señales para su progreso moral y dando un paso en su corazón, descubre cómo dar el paso a la buena obra, entonces las ruedas avanzan al unísono: usted encuentra para progresar en el texto sagrado a medida a que usted sea convertido, incluso usted mejora a su contacto (Gregorio el Grande, Homélies sur Ezéquiel VII, 8).  

            Los textos bíblicos, así releídos y explicados a la luz de la fe, contribuyen al regreso para aclarar los misterios cristianos. La alegoría misma está al servicio de ese propósito, comprendiendo cuando nos es todo  arbitrario (así como cuando Orígenes, a propósito del propiciatorio del oro puro en el Éxodo, ve en << el oro puro  >> una alusión para << el alma santa y pura de Jesús >>, y, leyendo que ese propiciatorio tiene << dos codos y medio de largo >>, descubre aquí un símbolo del alma de Cristo que   << contiene el medio entre Dios y el hombre >>: la alegoría tan arbitraria es ella en sí misma, tiene sin embargo por sentido el aclarar el misterio del Verbo hecho carne (Commentaire sur l’épitre aux Romains). 


Michel Fédou; Les Pères de l’Église et la théologie chrétienne.  

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