domingo, 29 de marzo de 2015

Conocimientos médicos de Orígenes Y La probable maledicencia sobre su auto-mutilación*

       
   La obra del Alejandrino ofrece numerosas alusiones a la medicina, lo que muestra un cierto grado de familiaridad con esta ciencia (D.G. Bostock Medical Theory and Theology in Origen). El suizo B. Neuchäfer ha estudiado los textos que aluden a la práctica de la medicina y los ha confrontado con la literatura relativa a la medicina de la época del Alejandrino.

En el Contra Celso, Orígenes da pruebas de conocer la existencia de las diversas escuelas (άιρέσεις) médicas y filosóficas. (Cels III, 13; V, 63). En dos lugares de la obra origeniana aparece una citación del De Flatibus, del Corpus Hipocraticum (Cels. IV, 15 y en Jer, Hom XIV, I). Una homilía sobre el Levítico menciona la opinión de los médicos acerca de las cualidades curativas del hisopo y del gálbano; otra homilía observa que los expertos en la ciencia médica combaten el veneno de la serpiente con medicamentos tomados de las serpientes, afirmaciones análogas se encuentran en Dioscórides y en Plinio el viejo (Para el hisopo Lev. Hom VIII. 10 (Lev, 14, 4). Sobre el gálbano, Lev. Hom IX, 8 (Ex. 30, 34). A propósito contra las mordeduras de serpiente, Num. Hom XVII, 1, Io. Com VI. Liv, 282-283). En el De Pricipiis, Orígenes presenta una teoría sobre el origen de la fiebre que se encuentra también en el Anónimo londinense (Princ II, 10, 4; Anónimo londinense,  Iatrica). En una homilía sobre Samuel, la enfermedad y muerte de Elí es explicada de modo técnico (A propósito del de la muerte de Elí, Orígenes aclara que el opistótonos (όπισϑοτονος es una enfermedad de la espalda y de la parte posterior (όπισϑεν = detrás; τόνος = tensión). Una explicación similar se encuentra en Corpus Hippocraticum)).

         El capítulo 27 de la Philocalia utiliza algunos términos especializados de la medicina (Phil XXVII y Princip III, 1). Más interesantes son dos pasajes del Comentario a Mateo. El libro XIII comenta la enfermedad del lunático (Mt 17, 14-18).
Los síntomas son de la epilepsia (Así fue reconocido por los médicos antiguos, cf.  O. Temkin,  The Falling of Sickness. A History of Epilepsy from the Greeks to the Beginnings of Modern Neurology), pero Orígenes   reacciona contra una explicación naturalista del caso, puesto que el relato evangélico afirma es causada por un espíritu impuro. A pesar de que no se han resuelto el problema de las fuentes, el comentario muestra que el Alejandrino conoce las opiniones de los médicos (B. Neuschäfer. Origenes als Philologe, ofrece algunas posibles fuentes literarias que presentan ciertas semejanzas con el texto origeniano. La explicación de la epilepsia ofrecida por Orígenes combina dos elementos tradicionales: la concepción médica de los humores, y la idea estoica del influjo de la luna sobre el hombre σμπάϑεια). El libro XV, a propósito de Mt. 19, 12 (hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los cielos), ofrece un excursus sobre las nefastas consecuencias biológicas de la castración.  Para evitar que Mt. 19,12 sea seguido a la letra, Orígenes presenta una opinión médica muy elaborada: en su descenso desde la cabeza, el semen produce un cierto calor en la mejilla que posibilita el crecimiento de la barba; por eso, el eunuco carece de barba (Mt. Com XV. Orígenes también presenta una sentencia de Sexto (pitagórico)). La fuente no se logra identificar, pero ciertos elementos de la explicación concuerdan con algunos escritos griegos (Corpus Hippocraticum, De aëre aquis et locis, 22; De natura pueri, 20; Alcmeón de Crotona; Ps-Aristóteles, Problemanta, 897b; Alejandro de Afrodisias, Problemata, 1, 6). También se encuentran algunas alusiones médicas que no suponen conocimientos técnicos, que pueden tener su fuente en la simple observación o en la literatura filosófica: el tratamiento médico de cortar y quemar; las ulceras tienen su origen en un humor malsano; la enfermedad de Job es lepra (έλεϕαντιάω), y las virtudes curativas de los higos, de las abejas, y de las entrañas de las cabras (Jos. Hom VII V, 1; Cels VI, 43,; Lev. Hom VIII, 7; Num. Hom XXVII, 12. Parece interesante notar que en 1Ps. Tract 66,8 la enfermedad de Job es llamada elefantia: << “a planta, inquit, pedís usque as uerticem percussit eum vulnere pessimo”, hoc est, elefantia>>).

Los elementos que muestran a Orígenes como un erudito en materias médicas son pocos: el conocimiento de las diversas escuelas médicas, la citación De Flatibus, el excusus sobre las consecuencias de la castración, y la explicación del lunático del relato evangélico.

En esto Orígenes probablemente depende de Clemente. La citación de la primera página del De flatibus era un lugar común entre los autores de la edad imperial, se encuentra en Plutarco, Luciano, y Marcelino, y más tarde en Eusebio y Gregorio Nacianceno (Corpus Hippocraticum, De flatibus, 1; Luciano, Bis accusatus sive tribunalia, 1; Plutarco, Aetia Romana et Graeca, 291 c ; Marcelino, De pulsibus, lin 28. La misma citación aparece en Eusebio de Cesarea, Hist. Eccl. X, 4, 11, y  Gregorio Nacianceno, Oratio, VII, 20, 4.). El especial interés por las consecuencias biológicas de la castración no es tanto una prueba de erudición científica, como una confirmación de la noticia de Eusebio respecto a la automutilación del Alejandrino (Mat. Com XV, 3 confirma el dato transmitido por Eusebio de Cesarea, HIst. Eccl, VI, 8, 1-3).

Las referencias a la práctica de la medicina pertenecen a los conocimientos normales de cualquier hombre culto de su época. La comunicación oral es el medio de adquisición de información en la antigüedad, de modo especial en una ciudad con una larga tradición cultural y médica como Alejandría. El inicio de la VIII homilía sobre el  Levítico confirma esta afirmación: Orígenes habla del << amargo y desagradable olor >> de las hierbas medicinales que se encuentran en la escuela del médico, esto muestra que el predicador ha tenido un contacto personal con los médicos de su ambiente, los ha visitado y ha conversado con ellos.

La cultura médica de Orígenes consiste en el patrimonio común del ambiente alejandrino, enriquecido por algunos conocimientos médicos específicos debidos a motivos particulares.

Nota. Al tiempo del Alejandrino, la castración era un fenómeno conocido entre los cristianos. Justino relata el caso de un cristiano que, también en Alejandría, deseaba castrarse (Apol. I, 29). El fenómeno era también practicado en el ambiente pagano (W. Stevenson. The Rise of Eunuchs in Greco-Roman Antiquity). Prueba de la relativa frecuencia de los casos de auto-castración es la legislación contraria a ella: en el ámbito pagano, Domiciano y luego Adriano prohibieron la castración y en el ámbito cristiano, un siglo más tarde, el concilio de Nicea excluye a los castrados de las órdenes sagradas (Canon 1). Estos datos impiden dudar de la auto-castración de Orígenes.

Fuente: CRISTO MÉDICO, SEGÚN ORÍGENES, Samuel Fernández.
Studia Ephemeridis Augustinianum.

Selección de:
Elías Limón González. 
*El subtítulo es mío.





lunes, 2 de marzo de 2015

LA PERSONA DEL ESPÍRITU SANTO EN ORÍGENES



              Hemos encontrado los polvorientos libros de Orígenes y descubierto dentro de ellos una pintura del Espíritu Santo tan vibrante seguramente no permanecerá dentro de las páginas atadas de la librería, extrayendo este retrato de los volúmenes, encuentro que tan fácilmente nos habla algunas veces que olvidamos que estamos “traduciéndolo” dentro de una discusión contemporánea. Este Espíritu de quien Orígenes escribió en el siglo tercero es el Espíritu que encontramos hoy; la Cristiandad llena de Espíritu a que aspiró presenta un modelo de esperanza para nuestra iglesia y nuestro mundo.

              Para aquellos que luchan por clarificar las doctrinas Cristianas de Dios, una poderosa pintura que del Espíritu trabajando en el mundo, una pintura que puede ser útil a los teólogos contemporáneos quienes luchan para muchos cristianos desde Orígenes con el más nebulosamente visualizado Espíritu. Frente a la vaguedad incluso del Espíritu de Nicea, El Espíritu de Orígenes tiene la concreción de una persona, una con quien el ser humano puede tener un real encuentro. Al mismo tiempo, entiende el Espíritu como alguien siempre desplegando nuevas facetas y realidades, alguien nunca enteramente captado, alguien con infinitas profundidades, incluso es quien sí mismo  examina los profundos de Dios. Con estas profundidades de conocimiento para ser descubiertas, el Espíritu es sin embargo, siempre El Espíritu quien continua el trabajo de Jesucristo. Hay una realidad-una personalidad, uno podría decir- a este Espíritu Santo quien une la creación para Dios al punto más santo y lo atrae siempre a más profundidad dentro de la Divinidad.

              La teología reciente ha criticado a Orígenes de “subordinacionismo”. Anacrónico como este del criticismo, es no obstante verdad que Orígenes ve ambos el Hijo y el Espíritu como subordinados al Padre. La subordinación del Espíritu en Orígenes, sin embargo, le habilita a dar al Espíritu una más clara función. Muchos teólogos desde Orígenes han definido al Espíritu con divinidad igual al Padre y al Hijo, pero sin dar ninguna específica atención a su trabajo de Espíritu en la economía de salvación. Un Espíritu tal sería de  “grado limitado”, restringido a cumplir una definida función. Así mimo, el criticismo de Harnack a Orígenes podría más apropiadamente ser dirigido a aquellos que simplemente repiten como pericos las definiciones de Nicea, sin demostrar la unicidad del Espíritu. Para Orígenes, el Espíritu tiene su propia función que realizar, continuando la salvación empezada en el Hijo. El Hijo ofrece la medicina curativa para todos, y el Espíritu enseña a aquellos quienes, habiendo decidido tomar la medicina, son curados. Orígenes demuestra claramente el trabajo distinto del Espíritu y así le reconoce como una distinta persona de la Trinidad. Aunque distinta, el Espíritu es también claramente el Espíritu de ambos, del Padre y del Hijo, llegando en su amor compartido a la humanidad. La descripción de Orígenes del Espíritu-Maestro muestra que el Espíritu es genuinamente auto-donación. El Espíritu Santo derrama amor dentro del corazón humano y guía amablemente a cada discípulo, incluso orando de manera que el estudiante principiante del Espíritu llegue a comprender. Este Espíritu es paciente, voluntarioso para leer el alfabeto y tomar los pasos del niño con el convertido, ya que cada persona santa empieza como un simple infante en el místico viaje a la perfección.

              El sentido de Orígenes de la kénosis del Espíritu, evidencia en sus descripciones de esa directa y activa relación, con los santos, y está reflejada en la pneumatología hoy. De hecho, muchos teólogos van más allá de Orígenes con sus descripciones de la actividad humilde del Espíritu, e identifican su verdadera naturaleza del Espíritu como la modestia-misma. Mirando, cuán difícil la tradición cristiana ha encontrado hablar del Espíritu, afirman que esta dificultad es causada por la verdadera naturaleza del Espíritu, más bien que en cualquier carencia en la reflexión teológica. Vladimir Lossky señala al Espíritu únicamente como miembro de la Trinidad “no teniendo Su imagen en otra Persona. El Espíritu Santo, como Persona, permanece in-manifiesto, escondido, ocultándose en Su propio aparecer”. Hans Urs Von Balthasar recuerda que “el Único que deja la gloria de Dios brillar en la cara de Jesucristo, nos transforma quien se ha encarado  con su semejanza, es el mismo ‘anónimo’. Puede ser este mismo ‘anonimato’ que deja al Espíritu abierto a ser entendido como tantas cosas diferentes por tantas diferentes instituciones y causas. Por otra parte, este sentido de ‘anonimato’ del Espíritu puede ser una aceptación de una larga tradición y de una reflexión inadecuada sobre la persona del Espíritu. Es Espíritu de Orígenes, aunque humilde, no es anónimo”.


Nota de lectura, selección y traducción:

 Elías  Limón González.
 
 Fuente: Teacher of Holiness de Maureem Beyer Moser
               

          

domingo, 1 de marzo de 2015

La Enseñanza: Sacramento de la Presencia del Espíritu


La pneumatología de Orígenes está formada y estructurada  en y por sus imágenes del Espíritu Santo, imágenes que los teólogos hoy pueden entrelazar dentro del actual  mosaico pneumatológico de las imágenes del idioma. Precisamente como “espíritu”, es un término polivalente en los días de Orígenes, las imágenes de Orígenes para el Espíritu Santo fueron asimismo multifacéticas, ofreciendo un vistazo del Espíritu desde ambas perspectivas teológicas y antropológicas.

              En busca del Espíritu vívidamente presente con el Arca de la Alianza en el Éxodo, Orígenes indica la rica estratificación de la presencia del Espíritu a través de las Escrituras y la historia del mundo. El espíritu como querubín representa la vida del Espíritu, junto con la del Hijo, en el Jesucristo humano. Esta imagen también significa el amplio movimiento del Espíritu entre los seres espirituales, de quien el querubín es un solo tipo. Esta única imagen, creada por la estratificación de dos pasajes de la Escritura (Ex. 25:18 y Rom. 3:25), es particularmente potente como una permanencia de la inhabitación de la Trinidad en Jesús - y similarmente en cada ser humano quien sea lo suficientemente espacioso, en términos de Orígenes, para acomodarles. En la misma forma, el conocimiento de Orígenes sobre el abrazo del Espíritu de cada espíritu humano subraya el potencial para la santidad en cada persona. Como partícipes en el espíritu creado, que está a su vez guiado por el Espíritu, los humanos tienen en i mismos la habilidad de trabajar hacia la santidad – y finalmente asistir en el esfuerzo de otros.

              En otra imagen, Orígenes describe el Espíritu Santo como Anillo de Boda, mostrando que el anillo significa la unión escatológica de la humanidad con Jesucristo. En prometedora vida nueva, el Anillo-Espíritu  hace la novedad posible para el Cristiano. En la teología de Orígenes, el Anillo-Espíritu une a Dios y a la humanidad; el Espíritu es Amor – particularmente el Amor de Dios por la creación – un Amor de más fuerte que el pecado de la criatura. La imagen de Orígenes, sin embargo, contiene una adicional dimensión no explorada por la tradición Occidental, la que generalmente sigue a Agustín, ya que es también reflejada en otra poderosa imagen: esa del ser humano como anillo  (Jer. 14). Ya que cada persona, arrepintiéndose y llegando otra vez a ser imagen de Dios, llega a ser un anillo en la propia mano de Dios, ella, también llega  a ser el trabajador de la unidad entre Dios y la humanidad. Los matices de la metáfora del Espíritu como Anillo en Orígenes indican a un potente vínculo entre Dios y la humanidad. El Espíritu Santo es la promesa de Dios es la  humanidad. Y también la base para la recíproca respuesta de la humanidad para con Dios.

              La imagen del Espíritu Santo como Maestro, como Maestro, refleja como lo hace la propia experiencia de Orígenes, moviendo más allá el lenguaje alegórico de la Escritura. Hay un poder para esta metáfora que se deriva de la reflexión de Orígenes de su propia vocación como maestro. Sus palabras acerca de la actividad docente son aquellas quien a sí mismo trata enseñar en caridad de auto donación. Como el Maestro de los santos, el Espíritu asume aquellos que han esa curación del Hijo; en este sentido, la Escuela del Espíritu es solo para estudiantes ‘avanzados’. Todavía, el Espíritu enseña a estos estudiantes en las maneras que su humilde estado requiere, empezando con la leche del espiritual conocimiento y solo más tarde moviéndose a la comida espiritual. El Maestro-Espíritu, retratado por Orígenes como gentil y modesto guía, asiste al discípulo pacientemente, con lentos y pequeños pasos hacia la perfección. Como Maestro el Espíritu dice a cada uno la verdad en la forma que pueda lo mejor entenderla. – amenazando cuando sea pedagógicamente necesario, aunque la ira no es realmente parte del propio ser de Dios.

              Como otra metáfora de Orígenes para el Espíritu en el Comentario a los Romanos, que el Maestro actúa en ambos sentidos teológicamente y antropológicamente. El Espíritu es el medio de la enseñanza de Dios en las vidas humanas. Al mismo tiempo, los discípulos del Espíritu hacen que el Espíritu presente a uno y a otro  en su recíproca edificación, en la enseñanza, y en la evangelización. Como Maestro, el Espíritu abraza humanamente con instrucción divina, mientras humanos a instruir uno al otro en un movimiento que asciende a  Dios.

              La imagen del Espíritu de Orígenes como Maestro contribuye sustancialmente hasta la pneumatología contemporánea enfatizando la compasión kenótica de la pedagogía del Espíritu, una compasión en la que los discípulos del Espíritu comparten como  se comunican el Espíritu en sus propias enseñanzas. Su visión del Espíritu-Maestro está lejos de ser autoritario; para Orígenes, el Espíritu trabaja desde el interior,  moviéndose a un nivel y una paz que se adapte a la capacidad de cada persona. La enseñanza del Espíritu es individualizada, a la medida para cada estudiante. La tutoría del Espíritu puede ser de élite, pero, una vez aceptada, los estudiantes son asegurados de una bondad auto-determinada que conduce progresivamente hacia la perfección.

              En este viaje a la perfección, el Espíritu continúa para revelar más profundos niveles de realidad. Así, los discípulos de este Maestro deben estar preparados para abrazar nuevas posibilidades. El literal entendimiento, las Escrituras, por ejemplo, da camino a lo alegórico, y lo alegórico permite un rico desarrollo con anterioridad de impensables verdades. El camino a la perfección-Cristo mismo, fácilmente trazado y pavimentado por criaturas, pero debe ser en cambio recorrido por el Espíritu Santo. La imagen de Orígenes sirve como una valiosa permanencia a la pneumatología contemporánea que el Espíritu que es inseparablemente  conectado al camino que es Cristo, no por ser humano, institución, concepto, o sistema. En su lugar, los estudiantes del Espíritu-Maestro deben estar listos a este Espíritu. de Cristo para desafiar sus mundanas presuposiciones, arrojándoles a nuevos niveles en su educación espiritual.

              Esta imagen de Maestro es enriquecida por una exploración de la terminología relacionada con la escuela de Orígenes como es encontrada a través de su corpus. En sus veintisiete homilías sobre los Números, Orígenes usa su habitual escuela de imágenes para hablar del progreso en la vida virtuosa:

En el juego literario por lo que los niños mediante el cual  reciben instrucción elementa, algunos niños son llamados “abcd’s”, otros, “silabarios”; otros “nombradores; y otros “contadores”. Y cuando escuchamos estos nombres, sabemos de ellos que tanto han progresado. Lo mismo en las artes liberales, cuando oímos un pasaje recitado o una consolación o un encomio (elogio) …, notamos por el nombre del  tópico cuanto progreso el joven ha hecho (Hom. en Num. 27.13).

              En  la misma forma, Orígenes dice, uno puede usar el lenguaje del viaje de los Hebreos a la tierra de Israel para describir el viaje a la perfección.

Antes (el alma) llega a la perfección, reside en el desierto, donde, por supuesto, es entrenado en los mandamientos del Señor y donde su fe es probada por las tentaciones. Y cuando conquista una tentación y su fe ha sido probada en ello, viene otra; y pasa, como cuando, de una etapa a otra.

Orígenes usa este lenguaje del viaje para el progreso espiritual en el Cometario a los Romanos, además, si bien no tan extensivamente como en las Homilías de los Números, donde el libro de Números mismo forma su elección de lenguaje. En el Cometario a los Romanos, entiende el lenguaje bíblico de caminar o correr como representando progreso en la virtud. El tropezón imperfecto, y el perfecto no tiene necesidad de moverse en absoluto.

En algún tiempo ellos vienen hasta un punto donde tienen que parar. Fue así que Cristo apareció, permaneciendo a mano derecha del poder, a Esteban, el primer mártir, quien ya había llegado a la etapa de perfección. Y el Señor mismo dijo a Moisés, quien también, después de mucho progreso, había llegado a la perfección: “Pero también Pablo, cuando conoció la realización en perfección en sí mismo, dijo: “He terminado la carrera” (Com. a Rom. 5.8.14).

                            Por lo tanto, la comprensión de Orígenes del Espíritu como Maestro es multifacética. La pedagogía del Maestro no puede ser descrita solo por el lenguaje académico, pero requiere imágenes de materia pasajera así como aquellos nuevos alimentos que los padres introducen a un lactante. Orígenes describe al Espíritu-Maestro con algunas imágenes paternas cuando habla concerniente al Espíritu respecto al conocimiento de la “nutrición” del ser humano para lo que están capacitados: como la leche, como las hierbas, así como alimento sólido (Com. a Rom. 2.14.14). El Espíritu empieza a enseñar a través de castigos extremos o a través de espíritus inferiores dentro de una directa pedagogía de amor. Tratando describir una gama tan compleja de relación que requiere de Orígenes recurra a todos los tipos posibles de actividad pedagógica, empezando y terminando con la forma más familiar para él: la del salón de clases.

              Si el Espíritu Santo, como Maestro, es también un padre y un entrenador a través del viaje hacia la perfección, luego el ser humano que trata de imitar al Espíritu debe también asistir a otros con la toda forma posible de compasión pedagógica. El Espíritu llega a estar presente a través de la evangelización humana, sin embargo  palabras solas no evangelizan. Al igual que la enseñanza del Espíritu reúne el trabajo del padre y el del profesor, la enseñanza humana, para ser efectiva, debe moverse más allá de las lecturas elegantes y el estilo de la retórica atractiva. Solamente el profesor de “pies hermosos” que vive lo que enseña es un verdadero evangelista. Se le conoce por los frutos de su propia vida y los de las vidas de sus estudiantes.

 Nota de lectura, selección y traducción: 
Elías  Limón González.  
Fuente: Teacher of Holiness de  Maureem Beyer  Moser