La pneumatología de Orígenes está formada y estructurada
en y por sus imágenes del Espíritu
Santo, imágenes que los teólogos hoy pueden entrelazar dentro del actual mosaico pneumatológico de las imágenes del
idioma. Precisamente como “espíritu”, es un término polivalente en los días de
Orígenes, las imágenes de Orígenes para el Espíritu Santo fueron asimismo
multifacéticas, ofreciendo un vistazo del Espíritu desde ambas perspectivas
teológicas y antropológicas.
En
busca del Espíritu vívidamente presente con el Arca de la Alianza en el Éxodo, Orígenes
indica la rica estratificación de la presencia del Espíritu a través de las
Escrituras y la historia del mundo. El espíritu como querubín representa la vida
del Espíritu, junto con la del Hijo, en el Jesucristo humano. Esta imagen también
significa el amplio movimiento del Espíritu entre los seres espirituales, de
quien el querubín es un solo tipo. Esta única imagen, creada por la
estratificación de dos pasajes de la Escritura (Ex. 25:18 y Rom. 3:25), es
particularmente potente como una permanencia de la inhabitación de la Trinidad
en Jesús - y similarmente en cada ser humano quien sea lo suficientemente
espacioso, en términos de Orígenes, para acomodarles. En la misma forma, el
conocimiento de Orígenes sobre el abrazo del Espíritu de cada espíritu humano
subraya el potencial para la santidad en cada persona. Como partícipes en el
espíritu creado, que está a su vez guiado por el Espíritu, los humanos tienen en
i mismos la habilidad de trabajar hacia la santidad – y finalmente asistir en
el esfuerzo de otros.
En otra
imagen, Orígenes describe el Espíritu Santo como Anillo de Boda, mostrando que el anillo significa la unión
escatológica de la humanidad con Jesucristo. En prometedora vida nueva, el Anillo-Espíritu
hace la novedad posible para el Cristiano.
En la teología de Orígenes, el Anillo-Espíritu une a Dios y a la humanidad; el
Espíritu es Amor – particularmente el Amor de Dios por la creación – un Amor de
más fuerte que el pecado de la criatura. La imagen de Orígenes, sin embargo,
contiene una adicional dimensión no explorada por la tradición Occidental, la
que generalmente sigue a Agustín, ya que es también reflejada en otra poderosa
imagen: esa del ser humano como anillo
(Jer. 14). Ya que cada persona, arrepintiéndose y llegando otra vez a
ser imagen de Dios, llega a ser un anillo en la propia mano de Dios, ella,
también llega a ser el trabajador de la
unidad entre Dios y la humanidad. Los matices de la metáfora del Espíritu como
Anillo en Orígenes indican a un potente vínculo entre Dios y la humanidad. El
Espíritu Santo es la promesa de Dios es la humanidad. Y también la base para la recíproca
respuesta de la humanidad para con Dios.
La imagen
del Espíritu Santo como Maestro, como Maestro, refleja como lo hace la propia
experiencia de Orígenes, moviendo más allá el lenguaje alegórico de la
Escritura. Hay un poder para esta metáfora que se deriva de la reflexión de
Orígenes de su propia vocación como maestro. Sus palabras acerca de la actividad
docente son aquellas quien a sí mismo trata enseñar en caridad de auto
donación. Como el Maestro de los santos, el Espíritu asume aquellos que han esa
curación del Hijo; en este sentido, la Escuela del Espíritu es solo para
estudiantes ‘avanzados’. Todavía, el Espíritu enseña a estos estudiantes en las
maneras que su humilde estado requiere, empezando con la leche del espiritual
conocimiento y solo más tarde moviéndose a la comida espiritual. El
Maestro-Espíritu, retratado por Orígenes como gentil y modesto guía, asiste al
discípulo pacientemente, con lentos y pequeños pasos hacia la perfección. Como Maestro el Espíritu dice a cada uno la verdad en
la forma que pueda lo mejor entenderla. – amenazando cuando sea pedagógicamente
necesario, aunque la ira no es realmente parte del propio ser de Dios.
Como
otra metáfora de Orígenes para el Espíritu en el Comentario a los Romanos, que el Maestro actúa en ambos sentidos teológicamente
y antropológicamente. El Espíritu es el medio de la enseñanza de Dios en las
vidas humanas. Al mismo tiempo, los discípulos del Espíritu hacen que el Espíritu
presente a uno y a otro en su recíproca
edificación, en la enseñanza, y en la evangelización. Como Maestro, el Espíritu
abraza humanamente con instrucción divina, mientras humanos a instruir uno al
otro en un movimiento que asciende a Dios.
La imagen
del Espíritu de Orígenes como Maestro contribuye sustancialmente hasta la pneumatología
contemporánea enfatizando la compasión kenótica de la pedagogía del Espíritu,
una compasión en la que los discípulos del Espíritu comparten como se comunican el Espíritu en sus propias
enseñanzas. Su visión del Espíritu-Maestro está lejos de ser autoritario; para
Orígenes, el Espíritu trabaja desde el interior, moviéndose a un nivel y una paz que se adapte
a la capacidad de cada persona. La enseñanza del Espíritu es individualizada, a
la medida para cada estudiante. La tutoría del Espíritu puede ser de élite,
pero, una vez aceptada, los estudiantes son asegurados de una bondad auto-determinada
que conduce progresivamente hacia la perfección.
En este
viaje a la perfección, el Espíritu continúa para revelar más profundos niveles de
realidad. Así, los discípulos de este Maestro deben estar preparados para
abrazar nuevas posibilidades. El literal entendimiento, las Escrituras, por
ejemplo, da camino a lo alegórico, y lo alegórico permite un rico desarrollo con
anterioridad de impensables verdades. El camino a la perfección-Cristo mismo, fácilmente
trazado y pavimentado por criaturas, pero debe ser en cambio recorrido por el
Espíritu Santo. La imagen de Orígenes sirve como una valiosa permanencia a la
pneumatología contemporánea que el Espíritu que es inseparablemente conectado al camino que es Cristo, no por ser
humano, institución, concepto, o sistema. En su lugar, los estudiantes del
Espíritu-Maestro deben estar listos a este Espíritu. de Cristo para desafiar
sus mundanas presuposiciones, arrojándoles a nuevos niveles en su educación
espiritual.
Esta
imagen de Maestro es enriquecida por una exploración de la terminología
relacionada con la escuela de Orígenes como es encontrada a través de su
corpus. En sus veintisiete homilías sobre los Números, Orígenes usa su habitual escuela de imágenes para hablar
del progreso en la vida virtuosa:
En el juego literario por lo que los niños mediante el
cual reciben instrucción elementa,
algunos niños son llamados “abcd’s”, otros, “silabarios”; otros “nombradores; y
otros “contadores”. Y cuando escuchamos estos nombres, sabemos de ellos que tanto
han progresado. Lo mismo en las artes liberales, cuando oímos un pasaje
recitado o una consolación o un encomio (elogio) …, notamos por el nombre del tópico cuanto progreso el joven ha hecho (Hom. en Num. 27.13).
En la misma forma, Orígenes dice, uno puede usar
el lenguaje del viaje de los Hebreos a la tierra de Israel para describir el
viaje a la perfección.
Antes (el
alma) llega a la perfección, reside en el desierto, donde, por supuesto, es
entrenado en los mandamientos del Señor y donde su fe es probada por las
tentaciones. Y cuando conquista una tentación y su fe ha sido probada en ello,
viene otra; y pasa, como cuando, de una etapa a otra.
Orígenes usa este lenguaje del viaje para el progreso
espiritual en el Cometario a los Romanos,
además, si bien no tan extensivamente como en las Homilías de los Números,
donde el libro de Números mismo forma su elección de lenguaje. En el Cometario a los Romanos, entiende el
lenguaje bíblico de caminar o correr como representando progreso en la virtud. El
tropezón imperfecto, y el perfecto no tiene necesidad de moverse en absoluto.
En algún
tiempo ellos vienen hasta un punto donde tienen que parar. Fue así que Cristo
apareció, permaneciendo a mano derecha del poder, a Esteban, el primer mártir,
quien ya había llegado a la etapa de perfección. Y el Señor mismo dijo a
Moisés, quien también, después de mucho progreso, había llegado a la
perfección: “Pero también Pablo, cuando conoció la realización en perfección en
sí mismo, dijo: “He terminado la carrera” (Com. a Rom. 5.8.14).
Por lo tanto, la comprensión de Orígenes del Espíritu
como Maestro es multifacética. La pedagogía del Maestro no puede ser descrita solo
por el lenguaje académico, pero requiere imágenes de materia pasajera así como aquellos
nuevos alimentos que los padres introducen a un lactante. Orígenes describe al
Espíritu-Maestro con algunas imágenes paternas cuando habla concerniente al
Espíritu respecto al conocimiento de la “nutrición” del ser humano para lo que están
capacitados: como la leche, como las hierbas, así como alimento sólido (Com. a
Rom. 2.14.14). El Espíritu empieza a enseñar a través de castigos extremos o a
través de espíritus inferiores dentro de una directa pedagogía de amor. Tratando
describir una gama tan compleja de relación que requiere de Orígenes recurra a
todos los tipos posibles de actividad pedagógica, empezando y terminando con la
forma más familiar para él: la del salón de clases.
Si el
Espíritu Santo, como Maestro, es también un padre y un entrenador a través del
viaje hacia la perfección, luego el ser humano que trata de imitar al Espíritu
debe también asistir a otros con la toda forma posible de compasión pedagógica.
El Espíritu llega a estar presente a través de la evangelización humana, sin
embargo palabras solas no evangelizan. Al
igual que la enseñanza del Espíritu reúne el trabajo del padre y el del
profesor, la enseñanza humana, para ser efectiva, debe moverse más allá de las
lecturas elegantes y el estilo de la retórica atractiva. Solamente el profesor
de “pies hermosos” que vive lo que enseña es un verdadero evangelista. Se le
conoce por los frutos de su propia vida y los de las vidas de sus estudiantes.
Nota de lectura, selección y traducción:
Elías Limón González.
Fuente: Teacher of Holiness de Maureem Beyer
Moser
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