Sin
anticipar sobre el análisis teológico que nos proponemos más adelante, importa
por ahora subrayar que la obra de Orígenes está particularmente preocupada de
refutar las interpretaciones de La Carta a los Romanos por los <<
heréticos >>. Desde su prefacio lo veremos, señala que estos se apoyan de
ordinario sobre el texto d Pablo para afirmar las diferencias de naturaleza
entre los seres humanos y para negar la existencia del libre arbitrio. En el cuerpo
mismo del Comentario, tomándose efectivamente de las teorías profesadas
de los mejores gnósticos; se toma también de Marción (rechazando la separación
que esta poseía el Antiguo y el Nuevo Testamento), y aún de las corrientes
docetas (contra las cuales afirma la verdadera humanidad de Cristo); más
brevemente, hace alusión a las opiniones de los modalistas, de los
adopcionistas, de los ebionitas, de los encratistas, lo mismo que a las tesis
filosóficas que, a la inversa de las teorías mencionadas anteriormente, dándole
al libre albedrío un valor bastante absoluto. Es capital estar atento a ese
contexto del Comentario origeniano, si no quiere confundirse sobre
algunas de sus afirmaciones a juzgar, de manera anacrónica, a la luz de las
épocas ulteriores. Cuando Rufino traduce la obra en latín, al principio del V
siglo, estará de antemano preocupado por la necesidad de combatir el
arrianismo, sobre todo, del hecho mismo que las posiciones pelagianas conducirán
pronto sus adversarios a subrayar tanto más, por contraste, la insuficiencia de
la libertad humana y la preminencia absoluta de la gracia, podremos ser tentados
de reprochar posteriormente a Orígenes una forma de pre-pelagianismo – olvidando
por los mismo que la insistencia de este sobre el libre albedrío era para él
esencial en el contexto específico de su oposición a las corrientes <<heréticas>> del III siglo.
Introducción al Comentario de Orígenes: Michel Fédou
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