viernes, 18 de abril de 2014

La Posteridad del Comentario de Origenes a la Carta a los Romanos


         
          Para ver más claro sobre las eventuales interferencias entre la traducción de Rufino y las discusiones teológicas que agitaban el occidente latino para el fin de IV siglo y a principio del siguiente, es bastante útil del seguir las evoluciones del pensamiento agustiniano sobre las principales cuestiones entonces debatidas. De hecho, es bastante antes la traducción del Comentario de Orígenes que Agustín había comenzado a exponer sus ideas sobre el libre albedrío y del pecado original. Lo había hecho en el marco de sus obras contra los maniqueos y en su De libero arbitrio. En esa época era fuertemente influenciado por el neoplatonismo, así por las ideas de Orígenes del que había sin duda conocido por intermediación de Ambrosio; en el De libero arbitrio, evoca diferentes hipótesis sobre el origen de las almas – el creacionismo, el traducianismo, pero también la idea origeniana de la preexistencia… - todo precisando que ninguna de sus opiniones no debía ser afirmada << a la ligera >>. O, que haya sido su propio punto de vista a esa época (Según G. MADEC, Agustín, en el  De libero arbitrio, no ha dado al tema de la << caída del alma >> un rol tan importante que podamos creerle; al fin del libro III, en todo caso, su reflexión se lleva ante todo sobre el plan histórico: el pecado de la primer pareja y sus consecuencias (ver Aug 6, p. 580-583), había de mostrarse enseguida preocupado por los ataques de Jerónimo contra las obras de Orígenes (AGUSTIN, Carta 40). En la Diversis quaestionibus ad Simplicianum, datan de 395-396, él rechaza la explicación origeniana de la caída (según la cual cada alma habría sido revestida de un cuerpo para su corrección o su educación); pone más bien de antemano la revelación de la justicia de Dios y el castigo de la falta de Adán, castigo que marca solamente en la corporeidad de la condición humana, pero podía conducir a la condenación eterna. Hubo entonces, antes incluso la traducción latina del Comentario sobre la Carta a los Romanos, una cierta evolución de Agustín en su juicio sobre Orígenes; su crítica llevaba particularmente sobre la teoría de la preexistencia de las almas y sobre la manera de interpretar la condición corporal de la humanidad (HAMMONDD BAMMEL, << Rufinus traslation >>, p. 138-139.). En vista de, presentar las primeras obras anti-pelagianas de Agustín, ante todo De peccatorum meritis et remissione que data del 412 y que es entonces posterior algunos años a la traducción del Comentario de Orígenes sobe La Carta a los Romanos, consta que el Obispo De Hipona ahí prosigue por su cuenta varios temas manifiestamente extraídos de esta traducción (sea de los ejemplares del Comentario habiendo sido transportados de Sicilia en África después de la muerte de Rufino, sea incluso que ellos hayan sido proporcionados de Roma por Melania, cuando ella visita a Agustín en 407). De tales prestamos al Comentario de Orígenes prueban que Agustín no solamente había leído la traducción de este Comentario al momento donde escribe el De peccatorum meritis et remissione pero allí había incluso encontrado la materia de ciertos argumentos contra Pelagio y sus partidarios – al menos sobre las cuestiones aquí mencionadas (Consular Hammond Bammel, << Rufino traslation >>, p. 135-137. Se podría incluso preguntarse, escribe el autor, si Agustín no ha sido el anotador del manuscrito evoca más arriba; es sin embargo más probable que el anotador haya sido cualquier otro. Pero no puede uno por tanto hablar de una influencia indirecta del Comentario sobre Agustín: este lo ha ciertamente leído (ibid., p. 137). Ver también, para la exégesis específica de Rm 9-11, en La exégesis patrística de Romanos 9-11. Gracia y libertad, Israel y naciones, el misterio de Cristo, París 2007, el estudio de I. Bochet: << ¿qué tienes que no hayas recibido?: la elección gratuita de Dios. Los comentarios agustinianos de Rm 9 >>.p. 125-148; y esa de A. Massie << De la esperanza escondida a la plenitud de la fe: ¿la salvación de Israel, figura al fin de los tiempos, según Agustín? >>, p. 149-167). Por otra parte no encuentra en el Comentario de cual retoma sus objeciones contra la idea de la preexistencia – no hace referencia, sobre este punto, de desarrollos comparables a los que figuran en el libro de Peri Archon. […].

          Traduciendo (Rufino) el Comentario sobre la Carta a so Romanos no era solamente movido por el deseo de hacer conocer una nueva obra de Orígenes en el mundo latino, como lo había hecho yo lo hará todavía para  otros escritos del alejandrino. Sin duda era él también consciente de poder aportar, a través de esta traducción específica, algunos debates teológicos del momento. Ciertamente, la << crisis pelagiana >> no estaba todavía desencadenada. Por tanto, las diferencias existían al tema del pecado y de su trasmisión, del libre arbitrio, y de las otras cuestiones que le estaban ligadas. Las ideas que Agustín había formulado en 395-396 en el Diversis questionibus as Simplicianum parecen sin duda excesivas a ciertos cristianos quienes, por otra parte, comparten su oposición a la idea origeniana de la preexistencia de las almas; sin duda suscitan ellas ya las reacciones en sentido inverso, preparando el camino a las tesis ulteriormente formuladas por Pelagio y Celestio. Rufino, en cuanto a él, considera que la cuestión del origen del alma era todavía una cuestión irresoluta (Apología a Anastasio 6). Pero veía probablemente que el Comentario de Orígenes, afirmando al mismo tiempo, la primacía de la gracia divina y la universalidad del pecado, podía ofrecer una alternativa relativa a las insistencias de Agustín sobre el pecado de Adán, sobre la impotencia del libre albedrío y sobre el castigo de los pecadores. Debía entonces perecerle particularmente oportuno de traducir el Comentario – libre para despojarle de los pasajes sobre la preexistencia de las almas, que los adversarios del origenismo abrían utilizado para lanzar el descrédito sobre el conjunto de la obra.

En cuanto al hecho que Pelagio y Agustín hayan podido el uno y el otro apoyarse sobre el Comentario a ganancia de sus tesis respectivas, eso incluso confirma que la doctrina de Orígenes no puede ser unilateralmente interpretada en un sentido o en el otro: tenía sobre ciertos puntos detalles diferentes de la doctrina agustiniana, y sin embargo no era << pelagiana >> ante la letra, incluso si, para la evidencia, ella insistía particularmente sobre la afirmación del libre albedrío así como la exigencia del progreso moral y espiritual. […].

          Tomás de Aquino no haciendo más uso de su Comentario de la Carta: no nombra a Orígenes que una vez a (a propósito de Rom 1, 4 versículo por el cual retoma la explicación del Alejandrino), y se puede identificar algunos otros pasajes que, sin nombrar a Orígenes, presuponen un conocimiento de su exégesis (Tomás de Aquino, Comentario a la Carta a los Romanos (París); la referencia a Orígenes se encuentra en el n. 50 (p. 81-82): Tomás reemprende por su cuenta la explicación según la cual el texto literal de Rom 1, 4 debe comportar la palabra << destinado >>y no la palabra << predestinado >> (Orígenes Com Rom 1, 7, 1). Ver también el índice, indicando los otros pasajes que sugieren una referencia al menos implícita a las explicaciones de Orígenes. Se encuentra igualmente algunas referencias del Comentario; con Pedro Lombardo, Alberto el Grande y Bonaventura; al S XV, Denys de Charreux y Agustín Favorini se inspiran todavía del Comentario). Se debe de cualquier forma proseguir de manera general, la utilización explícita de las obras de Orígenes están minusvaloradas, en la Edad Media, por la reputación de la heterodoxia que se hace al autor de De principiis – sin hablar de la <<legenda de la caída >> según la cual esa es por tanto más remarcable…

          El periodo del Renacimiento debió ser marcado, se sabe por un gran recuperación del interés por la persona y la obra de Orígenes. Es en 1506 que fue la primera vez publicado, en Venecia, la traducción latina del Cometario sobre la Carta a los Romanos – traducción que, por otra parte, era falsamente atribuida a Jerónimo (Explanatio Origenis Adamanti presbyteri in Epistolam Pauli ad Romanos, divo Hieronimo interprete, Venise 1506). […]

            De manera general, los empréstitos de Erasmo por Orígenes se verifican en tres dominios: El humanista encuentra de principio en él un buen testigo de lo que debe ser el texto griego de la Carta; se funda también sobre él para resolver las cuestiones gramaticales; en fin, lo extrae de las explicaciones estilísticas que permiten especificar el orden del texto paulino y aclarar tal y cual cosa de sus fórmulas. A. Godin ha bien subrayado la paradoja de esos empréstitos: cuando incluso se tiene la costumbre de subrayar la importancia de la alegoría con Orígenes, << Erasmo ha podido traer de su modelo de varias señales, decimos de estricta exégesis, para establecer el texto paulino a tiple nivel de la crítica textual, de la gramática, de la estilísticaEso no quiere decir, nada de eso, que esa lectura <<humanista >> no sea sin incidentes doctrinales. Un ejemplo estando claramente cerrado por la anotación de Rm 5, 12 (<<…in quo omnes precaverunt…): Erasmo recuerda que el texto lleva eph’o y no en hô;  muestra que varios Padres, uno de ellos Orígenes, han interpretado el versículo en el sentido de un << pecado de imitación >> y no de un << pecado original >>; ciertamente, la iglesia tiene esta última afirmación y un concilio ha inclusive interpretado Rom 5, 12 en este sentido, pero incluso si la doctrina del pecado original debe ser sostenida, este no debe ser el versículo de la Escritura en la que ella debe estar fundada (Godin, Erasme).


Introducción al Cometario a la Carta a los Romanos de Orígenes, Mchel Fédou. 

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