lunes, 31 de marzo de 2014

El día del juicio

          << Los bienes de los que te había confiado en administración, los has acaparado. El que despoja a un hombre de sus vestidos tendrá por nombre ladrón. ¿Y el que no viste la desnudez del pordiosero, cuando puede hacerlo, merece algún otro nombre? Al hambriento pertenece el pan que tú tienes. Al hombre desnudo, el manto que cubre tus cofres. Al descalzo,  los zapatos que se pudren contigo. A los miserables, el oro que tú tienes enterrado. Tanto así oprimes  a la gente que podrías ayudar…

            ¿Cómo pondría a tus ojos los tormentos del pobre, con el fin de que sepas sobre que lamentos amasas tu riqueza? ¡Ah! Como se te parecerán preciosas, el día del juicio, estas palabras:

Vengan, acérquense, ustedes los bendecidos de mi Padre, reciban a cambio el Reino que les ha sido preparado desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre y diste de comer, tuve sed y tú me diste de beber, yo estaba desnudo y tú me vestiste. Escalofríos, sudores, fríos, tinieblas, te invadirán a la noticia de este juicio: Váyanse  lejos de mí, malditos, dentro del fuego eterno que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque yo tuve hambre y tú no me diste de comer, yo tuve sed y tú no me diste de beber, yo estaba desnudo y tú no me vestiste.

Basilio de Cesarea. Homilia.

Les Pères de l’Église et la théologie chrétienne.  

domingo, 30 de marzo de 2014

Dios al servicio del hombre



         Celso reconocía de los judíos y de los cristianos los propósitos siguientes:

           “A nosotros Dios revela y predice todo de antemano: descuida el mundo entero y el movimiento del cielo, y sin preocuparse de la vasta tierra, gobierna para nosotros solamente, solo se comunica con nosotros por medio de sus mensajeros, cesa de enviarles y de buscar por qué medio estemos  unidos a Él para siempre. Hay un Dios, e inmediatamente después de Él, nosotros, ya que nosotros fuimos creados por Él enteramente semejantes a Dios; todo nos es subordinado: la tierra, el agua, el aire, las estrellas; todo existe para nosotros y está ordenado a nuestro servicio” (Contra Celso IV, 23).

          Y concluye:

                     “Creo verdaderamente haber demostrado, mediante el cual antecede, como todas las cosas han sido hechas para el Hombre y para todos los seres racionales. Ya que es principalmente para el animal racional que todas las cosas han sido creadas” (IV, 99).


          Les Pères de l'Église et la théologie chrétienne, Michel Fédou. 

EL MUNDO Y EL HOMBRE


            El mundo como los Padres nos lo presentan es justamente el mundo del hombre, es decir, un mundo donde el hombre tiene un lugar con relación a la que debe ejercer una responsabilidad mayor. Ningún texto patrístico no ha dicho eso con tanta fuerza como el escrito para Diogneto:

            << Para decirlo simplemente, así como el alma está en el cuerpo, los cristianos lo están en el mundo. El alma es expandida en todos los miembros del cuerpo, como los cristianos en las ciudades del mundo. El alma habite en el cuerpo y por tanto ella no es del cuerpo, como los cristianos habitan en el mundo pero no son del mundo. Invisible, el Alma es retenida prisionera en un cuerpo visible: lo mismo que los cristianos, está claro que ellos están en el mundo, pero el culto que rinden a Dios permanece invisible. La carne detesta al alma haciéndole la guerra, sin haber recibido daño, porque le impide gozar de los placeres; lo mismo que el mundo detesta a los cristianos que no le hacen ningún daño, debido a que se oponen a sus placeres. El alma ama esta carne que la detesta, y sus miembros, como los cristianos aman aquellos que los detestan. El alma está encerrada en el cuerpo: es ella por tanto que mantiene el cuerpo; los cristianos están como retenidos en la prisión del mundo: son ellos por tanto los que mantienen el mundo. Inmortal, el Alma habita una tienda mortal: lo mismo que los cristianos acampan en lo corruptible, esperando lo celeste  incorruptible. El Alma se vuelve mejor mortificándose por el hambre y la sed: perseguidos, los cristianos de día en día se multiplican siempre más. Tan noble es el puesto que Dios les ha asignado, que no les es permitido desertar”.   
          

Citando en, Les Peres de L’eglise et la Théologie Chrétienne, Michel Fédou. 

miércoles, 26 de marzo de 2014

La exégesis espiritual según Orígenes

La exégesis espiritual según Orígenes

          La aportación de Orígenes es aquí decisiva porque, si otros Padres como Justino e Ireneo  antes que él la tal exégesis, él es el primero que haber hecho la teoría e él ha incluso comentado todas las Escrituras. […] Explora luego todos los libros del Antiguo Testamento para buscar la la revelación del Verbo de Dios; el movimiento es en dos sentidos: de Cristo hacia las Escrituras (en la medida donde Cristo funda una inteligencia cristiana de las Escrituras); de las Escrituras hacia Cristo (ya que es posible de encontrar en todas las Escrituras las prefiguraciones y profecías de Cristo).

Así escribe Orígenes a propósito de un pasaje de la Ley: 

         << (…) yo no doy el nombre de Antiguo Testamento a la Ley, cuando ya la comprendo espiritualmente. La Ley no pasa de ser  “Antiguo Testamento” para quienes quieren comprenderla carnalmente. Para ellos ella es necesariamente se quedó antigua y ha envejecido, porque ella no puede conservar su fuerza. Pero para quien la comprendemos y explicamos en espíritu y en la línea del Evangelio, ella es siempre nueva; los dos Testamentos son para nosotros un Nuevo Testamento, no por la fecha sino por la novedad de su sentido (Hom Nb IX 4, 1-2).

          El Antiguo Testamento pude ser incluso llamado <<evangelio>>: 

          << (…) antes de la llegada de Cristo, la Ley y los Profetas no contenían el anuncio que implica la definición de la palabra “evangelio”, porque es el que aclara los misterios contenidos que aún no habían llegado; pero porque ha llegado y que él ha realizado la Encarnación del Evangelio, el Salvador ha, por el Evangelio hecho todo como un Evangelio (Com Jn 1, 6, 33).  


Citado en, Les Pères de l’Église et la Théologie chrétienne,Michel Fédou 

La trascendencia actual de la exégesis patrística

La trascendencia actual de la exégesis patrística

Se observa de principio con ello: fuera incluso de toda la preocupación exegética, muchos encuentran en las homilías o comentarios de los Padres sobre la Escritura una nutrición espiritual de gran valor – o sea para favorecerla de los oficios de las vigilias de los monasterios,- o de las lecturas personales en el cuadro de la liturgia de las horas, o aún en otras circunstancias.  Un tal hecho es en sí significativo. Ello prueba que tales meditaciones patrísticas sobre la Escritura son para incluso reunir al  cristiano ahora y de alimentar su vida interior. Eso merece ser particularmente resaltado en una época donde se encuentra a menudo valorando las tradiciones de las orientales; es necesario recordar, en esta situación, que muchos de los textos patrísticos sobre las Escrituras trasmiten ellos mismo los tesoros de la sabiduría y de la experiencia espiritual.

Pero acerquémonos -a la cuestión central que preside del conjunto de nuestra reflexión: que es lo que, a pesar de las aportaciones decisivas de la exégesis crítica continúa haciendo, hoy incluso, la importancia de la exégesis patrística? Daremos a esa cuestión varias respuestas, terminando por la que es fundamental.

En primer lugar, se debe tomar nota del hecho, que la antigua literatura cristiana se relata en lengua griega, para el Antiguo Testamento, a la tradición de los Setenta, y que la enriquece por nuestro mismo conocimiento y nuestra comprensión del texto bíblico. Decir eso no vuelve en absoluto para despreciar el trabajo de Jerónimo, que ha tenido el mérito de empezar de nuevo del texto hebreo para ofrecer una traducción latina. Pero la preeminencia reconoce a la << veritas hebraica >> no pone en relevancia la importancia de la << biblia de Alejandría >>: el texto de las Escrituras antiguas fue traducido en griego antes de la venida de Cristo, y es a esa traducción que se referían los autores del Nuevo Testamento además, luego ellos, los escribanos cristianos de lengua griega.

Debemos ciertamente admitir que Los Setenta no ha siempre restituido el verdadero sentido del hebreo; en otro aspecto, sin embargo, la versión griega ha enriquecido la versión hebraica (como ocurre en toda la traducción que, tan fiel sea a el original, aporta necesariamente de lo nuevo por su manera de hacer llamar a las fuentes de una y otra lengua), lo que hace que los Setenta haya sido tenida por una traducción << inspirada >> da todavía más pie a esta última señal. La exégesis patrística nos ayuda a mejor conocer el << complemento de sentido >> que la Biblia de Alejandría aporta así al texto hebraico – y eso es por tanto más importante que, lo repetimos, es a esta Biblia a la que se refieren los Autores del Nuevo Testamento.

            Reconocemos la importancia dada al lector, en tanto que se implica en la lectura del texto bíblico y, no contento de haber tomado el sentido literal, al obtener libremente los acordes escondidos. Gregorio el Grande lo hubo ya dicho a su manera, asociando la búsqueda de sentido al progreso del alma. Cuando explica el verso de Ezequiel 1, 19 (<< Cuando los  avanzan los Seres, las ruedas igualmente avanzan; y cuando los Seres se elevan de la tierra, las ruedas al mismo tiempo se elevan >>), y comenta:

          << Las revelaciones crecen con lo que les ilumina (Divina eloquia cum legente crescunt): es más si se dirige alto su mirada, más profundo es el sentido. Las ruedas no se elevan si no se elevan los seres. Si el alma del lector no sube, las palabras divinas, incomprendidas, quedan por así decir al ras de la tierra. Cuando el texto divino aparece sin calor a quien lo lee, cuando el lenguaje de la Escritura sagrada no pone su alma en movimiento y no jala ningún rasgo de luz en su inteligencia, la rueda es inactiva y al piso, porque el Ser no se eleva de la tierra. Pero si el Ser avanza, es decir y busca las señales para su progreso moral y dando un paso en su corazón, descubre cómo dar el paso a la buena obra, entonces las ruedas avanzan al unísono: usted encuentra para progresar en el texto sagrado a medida a que usted sea convertido, incluso usted mejora a su contacto (Gregorio el Grande, Homélies sur Ezéquiel VII, 8).  

            Los textos bíblicos, así releídos y explicados a la luz de la fe, contribuyen al regreso para aclarar los misterios cristianos. La alegoría misma está al servicio de ese propósito, comprendiendo cuando nos es todo  arbitrario (así como cuando Orígenes, a propósito del propiciatorio del oro puro en el Éxodo, ve en << el oro puro  >> una alusión para << el alma santa y pura de Jesús >>, y, leyendo que ese propiciatorio tiene << dos codos y medio de largo >>, descubre aquí un símbolo del alma de Cristo que   << contiene el medio entre Dios y el hombre >>: la alegoría tan arbitraria es ella en sí misma, tiene sin embargo por sentido el aclarar el misterio del Verbo hecho carne (Commentaire sur l’épitre aux Romains). 


Michel Fédou; Les Pères de l’Église et la théologie chrétienne.