La trascendencia actual de la exégesis patrística
Se observa de principio con ello: fuera incluso de
toda la preocupación exegética, muchos encuentran en las homilías o comentarios
de los Padres sobre la Escritura una nutrición espiritual de gran valor – o sea
para favorecerla de los oficios de las vigilias de los monasterios,- o de las
lecturas personales en el cuadro de la liturgia de las horas, o aún en otras circunstancias.
Un tal hecho es en sí significativo. Ello
prueba que tales meditaciones patrísticas sobre la Escritura son para incluso
reunir al cristiano ahora y de alimentar
su vida interior. Eso merece ser particularmente resaltado en una época donde
se encuentra a menudo valorando las tradiciones de las orientales; es necesario
recordar, en esta situación, que muchos de los textos patrísticos sobre las
Escrituras trasmiten ellos mismo los tesoros de la sabiduría y de la
experiencia espiritual.
Pero acerquémonos -a la cuestión central que preside
del conjunto de nuestra reflexión: que es lo que, a pesar de las aportaciones decisivas
de la exégesis crítica continúa haciendo, hoy incluso, la importancia de la
exégesis patrística? Daremos a esa cuestión varias respuestas, terminando por
la que es fundamental.
En primer lugar, se debe tomar nota del hecho, que la
antigua literatura cristiana se relata en lengua griega, para el Antiguo Testamento,
a la tradición de los Setenta, y que la enriquece por nuestro mismo conocimiento
y nuestra comprensión del texto bíblico. Decir eso no vuelve en absoluto para
despreciar el trabajo de Jerónimo, que ha tenido el mérito de empezar de nuevo
del texto hebreo para ofrecer una traducción latina. Pero la preeminencia
reconoce a la << veritas hebraica >> no pone en relevancia
la importancia de la << biblia de Alejandría >>: el texto de las
Escrituras antiguas fue traducido en griego antes de la venida de Cristo, y es
a esa traducción que se referían los autores del Nuevo Testamento además, luego
ellos, los escribanos cristianos de lengua griega.
Debemos ciertamente admitir que Los Setenta no ha
siempre restituido el verdadero sentido del hebreo; en otro aspecto, sin
embargo, la versión griega ha enriquecido la versión hebraica (como ocurre en
toda la traducción que, tan fiel sea a el original, aporta necesariamente de lo
nuevo por su manera de hacer llamar a las fuentes de una y otra lengua), lo que
hace que los Setenta haya sido tenida por una traducción << inspirada
>> da todavía más pie a esta última señal. La exégesis patrística nos
ayuda a mejor conocer el << complemento de sentido >> que la Biblia
de Alejandría aporta así al texto hebraico – y eso es por tanto más importante
que, lo repetimos, es a esta Biblia a la que se refieren los Autores del Nuevo
Testamento.
Reconocemos
la importancia dada al lector, en tanto que se implica en la lectura del texto bíblico
y, no contento de haber tomado el sentido literal, al obtener libremente los acordes
escondidos. Gregorio el Grande lo hubo ya dicho a su manera, asociando la búsqueda
de sentido al progreso del alma. Cuando explica el verso de Ezequiel 1, 19
(<< Cuando los avanzan los Seres,
las ruedas igualmente avanzan; y cuando los Seres se elevan de la tierra, las
ruedas al mismo tiempo se elevan >>), y comenta:
<< Las revelaciones crecen con lo que les
ilumina (Divina eloquia cum legente crescunt): es más si se dirige alto
su mirada, más profundo es el sentido. Las ruedas no se elevan si no se elevan
los seres. Si el alma del lector no sube, las palabras divinas, incomprendidas,
quedan por así decir al ras de la tierra. Cuando el texto divino aparece sin
calor a quien lo lee, cuando el lenguaje de la Escritura sagrada no pone su
alma en movimiento y no jala ningún rasgo de luz en su inteligencia, la rueda
es inactiva y al piso, porque el Ser no se eleva de la tierra. Pero si el Ser
avanza, es decir y busca las señales para su progreso moral y dando un paso en
su corazón, descubre cómo dar el paso a la buena obra, entonces las ruedas
avanzan al unísono: usted encuentra para progresar en el texto sagrado a medida
a que usted sea convertido, incluso usted mejora a su contacto (Gregorio el
Grande, Homélies sur Ezéquiel VII, 8).
Los textos
bíblicos, así releídos y explicados a la luz de la fe, contribuyen al regreso
para aclarar los misterios cristianos. La alegoría misma está al servicio de
ese propósito, comprendiendo cuando nos es todo arbitrario (así como cuando Orígenes, a propósito
del propiciatorio del oro puro en el Éxodo, ve en << el oro puro >> una alusión para << el alma
santa y pura de Jesús >>, y, leyendo que ese propiciatorio tiene <<
dos codos y medio de largo >>, descubre aquí un símbolo del alma de Cristo
que << contiene el medio entre
Dios y el hombre >>: la alegoría tan arbitraria es ella en sí misma, tiene
sin embargo por sentido el aclarar el misterio del Verbo hecho carne (Commentaire
sur l’épitre aux Romains).
Michel Fédou; Les Pères de l’Église et la théologie chrétienne.