<< Los bienes de los que te había confiado en administración, los has acaparado. El que despoja a un hombre de sus vestidos
tendrá por nombre ladrón. ¿Y el que no viste la desnudez del pordiosero, cuando
puede hacerlo, merece algún otro nombre? Al hambriento pertenece el pan que tú tienes.
Al hombre desnudo, el manto que cubre tus cofres. Al descalzo, los zapatos que se pudren contigo. A los
miserables, el oro que tú tienes enterrado. Tanto así oprimes a la gente que podrías ayudar…
¿Cómo
pondría a tus ojos los tormentos del pobre, con el fin de que sepas sobre que
lamentos amasas tu riqueza? ¡Ah! Como se te parecerán preciosas, el día del
juicio, estas palabras:
Vengan, acérquense, ustedes los bendecidos de mi Padre, reciban a cambio el
Reino que les ha sido preparado desde la fundación del mundo. Porque tuve
hambre y diste de comer, tuve sed y tú me diste de beber, yo estaba desnudo y
tú me vestiste. Escalofríos, sudores, fríos, tinieblas, te invadirán a la
noticia de este juicio: Váyanse lejos
de mí, malditos, dentro del fuego eterno que ha sido preparado para el Diablo y
sus ángeles. Porque yo tuve hambre y tú no me diste de comer, yo tuve sed y tú
no me diste de beber, yo estaba desnudo y tú no me vestiste.
Basilio de Cesarea. Homilia.
Les Pères de l’Église et la théologie chrétienne.
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