El colibrí
(Cuento para mis nietos)
Un día “mamá Celina” estaba muy temprano regando los arbolitos, mientras, extasiada en los colores del arco iris que se formaba con las gotas del agua y los rayos del sol, de pronto volvió en sí, al escuchar la voz de un colibrí; que suspendido en el aire, acercaba el pico a la altura de sus labios, como si fuera a libar el néctar de la más bella de las flores. La invitó a dar un paseo maravilloso por un campo estrellado en flores y por un cielo con nubes de algodón.
-“¿Pero, cómo, si yo no sé volar?”- replicó “mamá Celina”
El colibrí la instruyó: -“Si comes del néctar de la flor de tu naranjo, te harás de mi tamaño, y de esa forma te podrás montar sobre mí, para llevarte a dar el viaje más grande de tu vida”.
En ese momento soltó la manguera, y acercando sus labios a los blancos pétalos de la flor; apenas bebió de entre sus pistilos una pequeña gota de miel, al instante quedó convertida al tamaño del colibrí.
Luego el colibrí, descendiendo hasta el piso, donde chiquita allá se encontraba “Mamá Celina”, para hacerla montar sobre él, y emprender un largo y maravilloso viaje, por campos estrellados en flores, y cielos con nubes de algodón.
El cuento es muy largo, no termina aquí… sólo sé que “mamá Celina” y el colibrí, llevan cuarenta años viajando, por campos estrellados con flores, y cielos con nubes de algodón.
Colorín colorado, este cuento aquí no se ha acabado, porque el viaje, no ha terminado.
Elías Limón González
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