Un valioso regalo
Venían mis nietecitas del mercado con su “mamá Celina” e inmediatamente que me vieron, se abrazaron de la bolsa de papel de estraza, donde traían sus donas de pan dulce; bien saben que si me las dejan a alcance, me las como todas, es mi forma de comunicación, haciéndoles bromas pesadas.
Con la frustración de no haber podido hacerles la jugarreta, me retiré a ver la televisión; al rato llegó Celina, después de haberlas dejado en la cama con la habitación en penumbra. Luego de sentarse en el sofá me dice, ve, persígnalas y con mucha meticulosidad dales un beso.
Al llegar, ya estaban las dos durmiéndose con las espaldas juntas; sin seguir la partitura, me acerco, las persigno, las beso y, las abrazo fuertemente. Luego descubro una dona mordisqueada que posada en el buró me sonríe con su mordedura, y yo no hago más, que devolverle la sonrisa.
Al ir saliendo de la recámara, me dice somnolienta Kenia, algo que no entiendo o no alcanzo a oír, -¿qué?-, pregunto. Y Nairobita, un poco más espabilada me contesta:
-“Papá Elías”, dice Kenia que te regala su dona de chocolate-.
Elías Limón González.
No hay comentarios:
Publicar un comentario