El Despertador
El timbre del teléfono me sirvió de despertador:
-¡Señor Limón, hicieron un boquete en el techo de la farmacia y la han saqueado!
Al tiempo, me llegaron el desánimo y los pensamientos frustrantes. Aún tratando de sobreponerme no conseguía volver a mi estado de ánimo natural.
Esto no fue mas que un puntazo, intentando animarme me decía a mi mismo, analogando el caso con una cornada.
Por la tarde, no dejé de asistir a la universidad a mi clase de italiano. Me tocó hacer trabajo de equipo con un joven compañero que además de italiano estudia japonés y chino; él llega a las seis de la mañana y sale a las ocho de la noche. Terminando nuestro trabajo, yo empecé a meter el libro y el cuaderno en mi portafolio. Mientras tanto, él lo hacía en una bolsa de trapo que le servía de mochila, luego con parsimonia, extrajo de ella una bolsa de papel de estraza, del que con toda meticulosidad sacó la única rebanada de pan, cual si fuera un sacramento.
Elías Limón González.
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