lunes, 18 de junio de 2012


Las dos abuelas




     Antes de salir a la farmacia, al borde de la mesa del tocador, mi nieto Saír permanecía callado, observaba el arreglo facial que su ‘mamá Celina’ se hacía frente al espejo, donde un bulbo de poco consumo eléctrico iluminaba la escena.


     Toda la jornada laboral acompañó a su “mamá Celina” en la farmacia, a la vez que intentando aprender el manejo de la registradora.


    De regreso a casa, ya con el sol a punto de dormirse, tal vez el cansancio donde el ambiente en penumbra les había hecho permanecer callados; al hacer alto el semáforo, Celina aprovechó el momento, bajando la aletilla para poder verse en el espejo y retocarse un poco; esta vez los ojos de Saír alumbraban el acto como brillantes candilejas.


     Apenas tocó el lápiz los labios, como un: << ¡corten! cinematográfico >>, la acción fue interrumpida por la negativa:


     -¡No me gusta el rosa,píntate los labios morados como mi otra abuela!; cerca de mi casa venden pintura morada, para que tengas la boca ¡tan bonita, como la de ella!






Elías Limón González.

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