OJOS DE LLUVIA
Viajando en autobús despierto de un sueño. Es de noche y por la ventanilla miro la penumbra a través del vidrio. Pasan siluetas de árboles, cactus, y montañas. Agoniza el mes de octubre, sólo el cielo está iluminado por la luna.
Empiezo a recordar, cuando al despedirme de mi hija Africa en la Estación ya para abordar el autobús, volteé a su cara; sus ojos empezaron a brillar más intensamente. Le acaricié su pelo, tocándole la frente, deslizando la mano sobre su cara sentí una sensación particular; mis dedos se habían mojado a causa de la humedad de sus pestañas.
Nos la habíamos pasado como dicen los jóvenes, a todo dar; degustando platillos y saboreando postres.
Cuando partía de Tijuana a Monterrey todo iba aparentemente mal; salí con demora de cuatro horas... pero al fin llegué.
Aunque los detalles son muchos, imposible transcribir la plenitud de cada momento; no son los hechos ni las palabras, sino miradas, detalles, acciones.
En este momento interrumpe mi escritura el ronronear del autobús. Por la ventanilla vuelvo a mirar la penumbra; de pronto descubro dos estrellas juntas como dos ojos que me ven, y cada vez cintilan con más luminosidad. El vidrio se ha opacado por la humedad del ambiente y la respiración de los pasajeros, paso por la superficie a la altura de las estrellas el reverso de mi mano; siento una sensación como de una frente fría y los nudillos de mi mano se humedecen, tal como si hubiesen pasado sobre dos ojos cubiertos de lágrimas.
Elías Limón González.
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