Solidaridad por conveniencia
Y, mientras tanto, tuvimos la idea de comprar unos pastelitos, para después, en casa, saborearlos juntos. Decidí por mientras, llevarle uno a Saír, mi nieto; y aprovechar para visitar a los benjamines de la familia, los cuatitos más hermosos, Dante y Kiev.
Como tenía que volver por Nairobita y Kenia, la visita fue de unos cuantos minutos; Saír decidió acompañarme.
Ya en casa, llevamos los pasteles a la mesa, menos el de Saír, que ya se lo había devorado en su casa.
Era una tarta de chocolate que dividí en dos, en su plato respectivo, para Nairobita y Kenia. Pero, como todo niño insaciable a los postres, a Saír se le antojó, queriendo comer del de Nairobita. Ella se rehusaba, sin que los llantos de Saír la conmovieran. Tuve que subsanar la diferencia, dándole del pastel de manzana que tenía para mí.
Ya calmados los ánimos, intervine, corrigiendo a mi nieta mayor, mientras Kenia hasta ahora, solamente observaba: -¡Saír, es como tu hermanito más pequeño, no me gusta que seas egoísta, especialmente, con los más chiquitos!
Inmediatamente, Kenia mi segunda nieta, la que hasta ahora había estado callada, como pensando en voz alta, finiquitó la corrección:
-¡Y menos, con los medianos!
Después de este ingenioso remate, todos jugaron en paz y… ¡colorín colorado, disfrutaré de mis nietos, mientras Dios no disponga, que mi vida ha terminado!
Elías Limón González.
No hay comentarios:
Publicar un comentario